Se ha convertido en un ritual observar la niebla, tan habitual en las mañanas de este pueblo. Me tomo el primer café de la mañana mirándola y siempre me siento en paz cuando lo hago. Por eso, hoy mientras doy el primer sorbo a mi café sé que algo en la niebla ha cambiado y, mientras se cuela por las rendijas de mi ventana, sé que viene a llevarse mi vida.

