Ōka Haruhisa estaba sentado con los ojos cerrados en posición de loto. Las puertas de su despacho se encontraban abiertas hacia el pequeño jardín interior. El frescor primaveral de la madrugada le había acompañado durante toda la noche de meditación. Su kimono blanco apenas le había mantenido abrigado, y agradeció los primeros rayos de sol de la mañana sobre su rostro.

Mientras se levantaba, sus veteranas articulaciones crujieron al ponerse en movimiento tras tantas horas. Caminó despacio hacia su escritorio y se detuvo a mirar el cerezo en flor que ocupaba la mayor parte del patio. Al mirarlo su mente viajó muy atrás en sus recuerdos.

Como regalo en la ceremonia del genpukku, su padre le había entregado unas tierras donde construiría su propio hogar para vivir hasta que heredara Eizakura-jō, la fortaleza ancestral de su familia. Su madre le entregó un pequeño esqueje de cerezo que treinta años después, era un árbol maduro como él mismo. Aún recordaba el olor y la textura de la tierra cuando lo plantó con sus propias manos.

Terminó su paseo hasta el escritorio y se sentó de rodillas. Mojó el pincel en tinta y dejó su mano fluir. Leyó los versos, sonrió y dejó el papel de arroz en la mesa.

Caminó por la casa desierta, atravesando todas sus habitaciones. No había pasado una noche allí desde que heredó el liderazgo del clan hacía quince años. Detuvo su deambular junto a la puerta principal donde colgaba el kamon del clan: un kitsune de nueve colas, su pelaje teñido del delicado rosa de los cerezos en flor y del profundo verde del jade.

Salió al enorme jardín, que iba desde allí hasta los muros que aislaban la casa del resto de la ciudad. El viento trajo unas pocas gotas del riachuelo que atravesaba toda la finca. Fue como el abrazo de un viejo amigo. Sin detenerse caminó hacia el pequeño dojo que había en el extremo este.

Dentro ya estaban todos los asistentes a la ceremonia. Al entrar a la izquierda se encontraban Toyozakura Genji y Sakuragawa Haruji, los daimyo de las dos familias vasallas más importantes del clan. Les saludó con una leve inclinación de cabeza, ellos respondieron con una reverencia más profunda.

A la derecha de la entrada se encontraba su hijo Fumabei con su esposa embarazada Masako. Les dedicó a ambos una pequeña sonrisa. La joven apretó con fuerza la mano de su marido. Lamentó que su hija Rikei no hubiera podido dejar sus deberes en las lejanas Ciudades Libres para asistir.

Al fondo de la sala estaba Mitsunaga Hitsuhito, el hijo de la luz, emperador de las tierras benditas por el Sol y las Lunas. Por respeto no miró directamente su rostro pero quiso suponer que compartía la mirada de pesar con todos los demás.

A la izquierda del Emperador, Takemitsu Toki, su viejo compañero de batallas y yojimbo del emperador. Con él sí cruzó una mirada y ambos inclinaron levemente la cabeza. A la derecha del hijo de la luz una mujer de largo pelo blanco con el rostro tapado con una máscara de oni, la Voz del emperador.

Haruhisa alcanzó la esterilla que había por delante del elegido de los cielos y se arrodilló tocando con la frente el suelo. La Voz del emperador habló.

—Haruhisa-sama, estamos aquí reunidos para que pagues por tu fracaso en el ejercicio de tus deberes —su tono no expresaba ninguna clase de sentimiento—. El emperador Mitsunaga Hitsuhito-dono, en su eterna y celestial benevolencia, le permite realizar la ceremonia del seppuku debido a sus anteriores gestas al servicio del imperio.

—Y yo humildemente acepto su benevolencia y agradezco su iluminada presencia.

Se enderezó de rodillas y se giró, dejando a su izquierda al emperador con su séquito y a la derecha a su familia y vasallos. Quedó de frente, contemplando el pequeño altar a la Fortuna de los guerreros. Dejó caer la parte superior del kimono y puso las manos sobre sus muslos.

Toki se situó a su lado, para ejercer de kaishakunin, y desenvainó su katana.

—El emperador quiere que sepas que le desagrada este desenlace, pero es necesario para mantener la paz imperial —susurró su amigo—. Nos aseguraremos de que ningún otro clan intente nada más contra el tuyo.

Haruhisa asintió. El aire se volvió denso, como si el jardín entero contuviera la respiración. Desenvainó el tantō con cuidado reverencial. La hoja devolvió un destello pálido. Reconoció las muescas diminutas del acero antiguo. Había pertenecido a su padre.

Por primera vez, dudó. No del acto, sino de la palabra que le había llevado hasta allí: honor. ¿Era honor aceptar la culpa? ¿O era orgullo disfrazado de obediencia?

El pulso se aceleró y sintió un latido seco en las sienes. Clavó la punta del cuchillo en su abdomen. El dolor fue inmediato, limpio, casi luminoso. Lo deslizó con firmeza, notando como el acero abría no solo la carne, también años de decisiones.

No gritó.

Mientras trazaba el corte, comprendió que el honor no era pureza, sino peso. Y que todo linaje se sostiene sobre sacrificios que nadie celebra.

Cuando el mundo empezó a oscurecerse, sintió el movimiento de Toki a su lado.

Un susurro apenas audible:

—Descansa, amigo.

La hoja descendió.

El cerezo dejó caer un pétalo, que fue arrastrado por el viento sobre el papel de arroz en el despacho:

Cae la flor.
El tronco sigue erguido.
No hay regreso.

FIN


Apéndice:

  • Daimyo: Señor de familia o clan
  • Dojo: Edificio de entrenamiento
  • Eizakura-jō: Castillo del Cerezo Eterno
  • Genpukku: Ceremonia de mayoría de edad
  • Kaishakunin: Asistente en la ceremonia del sepukku encargado de decapitar al que lo realiza.
  • Kamon: Símbolo familiar (como un escudo heráldico)
  • Katana: Espada larga japonesa.
  • Kimono: Vestimenta tradicional.
  • Kitsune: Zorro mitológico de nueve colas
  • Oni: Demonio japonés
  • Seppuku: Suicidio ritual para restaurar el honor.
  • Tantō: Cuchillo corto.
  • Yojimbo: Guardaespaldas

Este fue el ejercicio que llevé a clase para la semana 15 del taller de escritura de librería Luces 2025/2026. La verdad es que debíamos homenajear a Katherine Mansfield, de quien solo he leído el relato Felicidad. En este relato sale un peral, que me llevó a un cerezo y a escribir tres páginas de una nación de mi mundo de fantasía que ni siquiera sale en mi proyecto de novela (solo se menciona porque hay un secundario de este país).

por McAllus

Soy Isaías, conocido en redes como McAllus. Jugador de rol, juegos de mesa y videojuegos. Adoro leer y escribir.