La galería estaba vacía, olía a cera y madera vieja. Fuera, la lluvia caía sin tregua sobre las losas del patio interior, su murmullo era el único sonido en aquella vieja casa noble.
Yo aguardaba allí por simple cortesía. Venía a dar el pésame a mi viejo amigo y contemplar el cuadro de su prometida. Pero él no estaba presente, tuvo que salir hacia la corte antes de mi llegada. Me encontraba en la coyuntura de esperarle o marcharme cuando vi a un hombre.
No era el pintor celebrado que esperaba encontrar, sino un hombre encorvado, con las manos aún manchadas de pigmento oscuro. Miraba lloroso un lienzo cubierto con un paño negro, como si bajo aquella tela hubiera una herida. Sus labios temblaban.
De pronto, sin mirarme del todo, habló:
—Usted creerá que soy un artista… pero pinté un rostro y le arrebaté la vida.
Quise responder, pero su voz se precipitó, como un torrente febril.
—Era un encargo habitual. Pintar a una joven prometida. Aquello se volvió terrible, mientras la pintaba, sentí que el cuadro no la copiaba… la atrapaba. Cada trazo era un hilo. Cada sombra, un lazo.
Hizo una pausa y se giró hacia mí.
—Me repetía que era absurdo, que el arte no encierra almas, que la pintura es solo color sobre tela —No era capaz de interrumpirle—. Ella enfermó antes de ver el retrato terminado. Murió hace tres noches, mientras yo mezclaba el color para su garganta. Y cuando cubrieron su cuerpo… seguí pintando.
Las lágrimas corrían por sus mejillas.
—Porque no podía detenerme. Porque necesitaba terminarla. Cuando entregue este cuadro, nadie llorará. Admirarán la obra. Dirán que parece viva. Yo sé que lo está.
Dio unos pasos hacia la salida.
—No volveré a pintar rostros. Solo sombras. Porque cada vez que intente retratar a alguien, sé que veré sus ojos en el lienzo, mirándome, pidiendo salir.
El hombre tragó saliva.
—No es el cuadro lo que me persigue… es lo que he dejado dentro de él.
Se apartó, caminando hacia la puerta como si el aire pesara. No levantó el paño antes de marcharse… y yo tampoco me atreví a hacerlo.
Ejercicio de casa Semana 13 del Taller de Escritura Creativa Librería Luces 2025/2026
Para esta semana del taller de escritura la actividad de casa era hacer un homenaje a Stefan Zweig centrado en la confesión febril de un personaje, el relato enmarcado y el análisis de una obsesión que le nubla la razón.

