[Campañas abandondas] Los hijos de Silvania – La Mansión del hechicero

El otro relato que tengo de Los hijos de Silvania que os presenté el otro día. En este caso su primera aventura.


Nikolay entró al mausoleo de Svetlana mientras los últimos instantes del día se esfumaban en el horizonte y se encontró a la vampiresa vestida con ropa de caza.

– ¿Vas a salir a por algo de comida, Sveta? – preguntó el hechicero con su típica sonrisa que tanto gusta a la vampiresa.

Ella le sonrió con tristeza a pesar de que le encantaba oírle pronunciar así su nombre corto.

– No me queda otro remedio – respondió atándose el cinto de la espada por encima de sus caderas y añadió – Además, empiezo a disfrutar la cacería y el posterior festín.

– ¿Y qué me dirías si te propongo hacer de tu cacería algo que nos haga ganar una recompensa adicional?

– Te escucho – le dijo ella dulcemente plantándose a su lado con su sobrehumana velocidad y acariciándole la mejilla mientras se relamía los labios.

Nikolay tragó un poco de saliva y respondió algo tenso.

– He descubierto una antigua casa que perteneció a un hechicero de la ciudad – comenzó a calmarse en cuanto recordó el premio que podía encontrar allí – Tal vez encontremos algún artefacto interesante con el que ser más poderosos en esta oscura ciudad.

Svetlana asintió y le agarró de la mano para sacarle del mausoleo. En la puerta como siempre estaba haciendo guardia uno de los dos despojos.

– Hansen, que todos se preparen – ordenó la vampiresa – Hoy no seré la única que salga de cacería.

– Creo que Sergey está con un experimento – dijo tímidamente el deforme hombrecillo.

 Si pone alguna objeción a venir dile que mejor será que no tenga que bajar a buscarle.

Hansen asintió y se fue corriendo.

– Si le dice eso a Sergey probablemente te quedes sin uno de tus lacayos – dijo Nikolay.

– Ese engreído de Sergey sabe que no debe hacerle nada a ninguno de vosotros o mi ira caerá sobre él.

En unos minutos Svetlana encabezaba a su banda en el camino hacía su primera misión de combate en Mordheim.

***

 La banda de Svetlana salió por una estrella calle que desembocaba en la pequeña plaza donde se ubicaba la casa que había pertenecido a un hechicero anónimo de Mordheim.

La casa estaba destrozada pero aún quedaban restos que indicaban que había sido de alguien importante como las columnas que dirigían a su puerta principal.

El muro de atrás estaba medio derruido y se podían ver a través de los huecos que un día tuvieron ventanas.

Anton, Nikolay y Hansen se habían adelantado un poco al resto del grupo para explorar como estaba la situación porque habían visto rastros de que al menos otra banda se dirigía a la zona. Lo que vieron les demostró que se equivocaban.

– No sabía que los hombres bestias habían llegado a Mordheim – dijo Anton.

– Había oído rumores de que algunos incursores hombres bestia habían salido de los bosques que rodean la ciudad – comentó Nikolay – pero no los había visto hasta ahora.

Hansen levantó su pequeño brazo y tocó al hechicero pues de Anton no se fiaba.

– Mirad allí – dijo señalando dentro de la casa.

Nikolay y Anton se quedaron con la boca abierta.

– ¿Eso que hay dentro de la casa es un caballo? – preguntó Anton.

– Creo que podemos suponer que los hombres bestia están atacando a un grupo de bretonianos.
Svetlana llegó a su lado con el resto del grupo un poco por detrás.

– ¿Encontraremos problemas? – preguntó la vampiresa.

– Es probable que los hombres bestia nos den ciertos problemas – dijo Anton – Cuando servía como ayudante de un barbero en los ejército imperiales vi las heridas que son capaces de causar con sus manos desnudas y, además, tienen una resistencia excepcional.

– ¿Y los caballeros?

– No creo que nos den demasiados problemas, parece que los hombres bestia ya están dando cuenta de ellos – respondió Nikolay – La ciudad de los condenados no es un lugar donde los caballos sirvan en exceso y creo que solo hay un caballero.

– Pues entonces acabemos con ellos – dijo Svetlana y se giró hacia Sergey – Que los zombies rodeen la casa por la derecha, Sergey, luego tú y Anton podéis cubrirnos… Yuri, tú y roedor id por delante nuestra.

Hansen y Harold se situaron uno con el arco y el otro al lado de Svetlana. Mientras que Nikolay se situaba por delante de Sergey y Anton.

La batalla una vez los no muertos entraron en ella se precipitó hacia un rápido final.

Mientras los bretonianos salían de la mansión del hechicero que ya no podían mantener, los hombres bestia se dividían erróneamente en tres grupos que se trababan contra los humanos, los zombies y los necrófagos que Svetalana había mandado por delante.

Una vez todos estaban trabados Svetalana se abrió camino destrozando a todas las bestias que se cruzaban con ella y con sus necrófagos.

Nikolay observó que en combate todo lo que quedaba de su adorada niña desaparecía. Pudo ver como arrancaba un ojo del que era el líder de los hombres bestia que ante semejante demostración de fuerza comenzaron a retirarse.

Cuando se dispusieron a buscar no quedaba ni rastro de los bretonianos contra los que Svetlana y su banda no habían podido ni siquiera entrar en combate.

Sergey se dirigió a reanimar a los destrozados zombies que eran ahora más masas de carne informe que cadáveres reanimados.

***

Nikolay estaba terminando de registrar la mansión del hechicero ayudado por Hansen y Harold cuando de pronto se dio cuenta que tenía a Sergey a su lado.

– ¿Has encontrado algo útil? – dijo el nigromante.

– He encontrado algunas dosis alquímicas que creo podría potenciar a nuestro necrófagos… aunque la verdad no prometo que les pueda pasar como efecto secundario.

– Eso no importa, ellos solo son un poco más útiles que los zombies – dijo Sergey – Digo algo que podamos usar los magos como tú y yo.

– Me temo que no – replicó el hechicero lanzándole un grimorio quemado a Sergey – Lo que no destruyó el impacto del cometa sobre Mordheim ha sido destruido por los bretonianos mientras estuvieron aquí.

– ¡Malditos sean ellos y su furcia del lago! – exclamó Sergey mientras salía de la sala furioso.

Nikolay movió la cabeza negando por el comportamiento del nigromante.

– Los dioses siempre deben ser respetados – murmuró el hechicero.

– Curiosas palabras – dijo Svetlana sentada en uno de los pocos muebles que quedaban de pie en toda la mansión – Siempre pensé que eras un hereje por las cosas que compartías conmigo en secreto cuando servías a mis padres.

– Querida Sveta, no creo que seguir una religión sea de gente inteligente – replicó el hechicero – pero sí que me consta que los dioses están ahí fuera pues lo que he visto en mi vida me lo ha dejado más que claro.

La vampiresa simplemente sonrió mientras cruzaba las piernas y habló.

– Según he oído no habéis encontrado nada útil, ¿no?

– Me temo que no – respondió el nigromante decepcionado.

– Por suerte yo si – dijo la vampiresa – un ciudadano de Mordheim se nos ha unido al encontrarle Harold merodeando… El pobre es bastante deforme así que encajará bien con Hansen y Harold.

– Me alegro que hayamos sacado algo útil de todo esto – dijo Nikolay acercándose a Sveta y besándole en al frente – Será mejor que nos larguemos antes de que se nos acerque alguna otra banda que merodee por la zona.

– ¿Tienes miedo de algo, amigo mío?

– He oído que una nueva banda de Cazadores de brujas anda por la ciudad, Guardianes del Cometa les llaman.

– Fanáticos sigmaritas – escupió la joven – Si se meten donde no deben los aplastaremos.

Nikolay asintió aunque en el fondo se daba cuenta de que la confianza que tenía Svetlana en si misma les podía costar muy caro.

[Campañas abandonadas] Los Hijos de Silvania – relato del reclutamiento

También traigo hoy un relato de campañas antiguas, pero en este caso es campaña de un wargames, Mordheim.

En este caso jugamos 2 partidas de campaña y nunca más se quedó… creo que con Mordheim es el juego que más campañas he empezado y no jugado más de un par de partidas.


Svetlana observaba sentada en mitad del cementerio que coronaba una de las colinas de Mordheim, la enorme ciudad en ruinas que ahora era conocida en todo el Impeiro como La Ciudad de los Condenados.

Svetlana podía pasar por una bella mujer de la nobleza que estaba visitando a algún familiar en un cementerio pero nadie podría confundirla con una joven una vez le dedicaba una segunda mirada: Svetlana llevaba un vestido que otrora debía haber sido hermoso y elegante, su largo cabello negro caía flácido y sin vida sobre sus pálidos hombros desnudos pero era viendo los colmillos sobre los que pasaba su rosada lengua y sus ojos llenos de odio lo que demostraba que era una criatura sobrenatural, una criatura de la noche.

A ella siempre le había gustado la soledad, pero más aún desde que uno de los vampiros vasallos de Manfred Von Carstein le había convertido en esa horrible criatura… el conde Cugard Von Carstein maldito fuera su nombre.

Desde que conoció al conde cuando todavía vivía en la mansión de su familia había recelado de él pero su familia estaba en decadencia y había perdido la mayor parte de sus tierras cuando el conde Elector reasignó tierras a los nobles que más leales le eran y que un noble que era obviamente rico cortejara a su hija era una oportunidad que sus padres no podían dejar pasar.

Pero al final sus padres no aceptaron a Cugard tras investigar que no tenía tierras donde decía tenerlas y este se marchó lleno de ira y jurando venganza… ni 3 días tardó en cumplir sus amenazas.

Un pequeño destacamento de no muertos arrasó el castillo reforzado por los pocos habitantes del pueblo cercano que mantenía la desaconsejable costumbre de enterrar a sus muertos estando tan relativamente cerca de Silvania.

Svetlana fue hecha prisionera y en poco tiempo convertida en una vampiresa al servicio de Cugard y la familia Von Carstein, los terribles vampiros que supuestamente gobernaban Silvania pero que hasta el día del ataque ella había pensado que era una leyenda.

Cugard pronto se aburrió de Svetlana y la mala educación y odio que esta tenía hacia él por lo que al final la envió a conseguir piedra bruja y tesoros a la ciudad maldita, Mordheim… Hizo que la acompañasen dos despojos humanos que por sus deformidades siempre habían estado excluidos en sus hogares.

Esos desgraciados hombres se llamaban Hansel y Harold y siempre estaban cerca de ella para satisfacer sus necesidades y vigilar su ataúd mientras ella descansaba en las largas horas del día… Cosa que era menos necesario en Mordheim puesto que allí parecía ser siempre de noche.

A Svetlana los criados siempre le habían despertado simpatía y estos dos pobres engendros de la naturaleza le daban especialmente pena por lo que aunque les ordenaba todo lo que necesitaba, lo hacía siempre sin tratarles mal… cosa que hizo que los dos pronto fueran ciegamente leales a ella.

Al llegar a la ciudad se les había unido Sergey, un nigromante que hacía tratos con Cugard y que estaba acompañado por un saqueador de tumbas llamado Anton. El nigromante siempre se encontraba escoltado por unos cuantos zombies.

Sergey le juró lealtad a ella pero Svetlana sabía que todas las noches enviaba un mensaje al conde Cugard.

Cuando se trasladaron al cementerio que era ahora su base se encontraron con dos necrófagos, uno de ellos conservaba algo de una lejana humanidad y se hacía llamar Yuri, el otro era poco más que un animal sediento de carne al que Yuri le había enseñado a responder al nombre de Roedor.

***

De pronto un ruido le arrancó de sus pensamientos e hizo que en menos de un segundo tuviera la espada en su mano, el escudo y su armadura estaban dentro del mausoleo que había escogido para ella. Al ver como la vampiresa se ponía en guardia Harold tensó su arco corto y Hansen avanzó para proteger a su señora con su espada y su escudo preparados.

– Déjate ver – dijo Svetlana con poco más que un susurro.

– Tranquilos – dijo una voz – No vengo a haceros daño.

– No creo que pudieras hacerlo aunque quisieras – respondió Svetlana mientras se dirigía al origen de la voz segura de su superioridad.

Un hombre de mediana edad apareció en al verja del cementerio, su cabeza comenzaba a clarear y en la parte de la sien el pelo castaño ya se había empezado a volver blanco como la larga barba que se desparramaba sobre su túnica gastada. Sus ojos eran de color celeste y ya debajo de ellos habían empezado a formarse algunas arrugas. Su complexión era delgada y se apoyaba en un bastón para caminar aunque no parecía que lo necesitase.

La vampiresa se quedó paralizada al verlo pues lo había reconocido y él también a ella.

– ¿Eres tú de verdad, Sveta? – preguntó el desconocido.

Svetlana permaneció callada unos instantes y cuando el hombre parecía que iba a volver a hablar ella le interrumpió.

– ¿Como me has encontrado, Nikolay? No supe nada de ti desde que tu supuesto amigo Bernard llegó preguntando por ti.

– Te he encontrado porque anoche tuve un sueño profético de los que me asolan a veces – respondió él – Y si no supiste más de mi, querida, fue porque Bernard no era mi amigo, era un cazador de brujas que me venía buscando por ser un desertor de los colegios de la magia de Altdorf… otro de mis sueños me advirtió de su llegada.

Svetlana asintió.

– Veo que algunas cosas han cambiado – dijo él con una sonrisa sarcástica – Imagino que quien te hizo esto acabó con todas vuestras tierras, ¿no?

– Así es – dijo ella haciendo un gesto con la mano para que Hansen y Harold bajasen las armas y sin girarse hacia ellos simplemente ordenó – Chicos, id a vigilar que no se acerque Sergey y si lo hace dejadle pasar pero haciendo ruido para que no me interrumpa.

– Si, señora – respondieron al unísono yendo cada uno a una de las entradas que tenía el cementerio, la principal y la secreta que habían descubierto gracias a Anton.

– Estoy llena de ira contra ese maldito Conde Cugard – dijo ella cuando estaba a solas con Nikolay – ¿Has venido a quedarte conmigo o solo querías verme?

– Quiero quedarme a tu lado, pequeña – dijo Nikolay – Mi magia te será útil aquí en la ciudad maldita, y si alguna vez estamos en disposición de que te puedas cobrar tu venganza mi magia te vendrá bien para frenar la de los nigromantes.

– Gracias, fuiste un buen maestro en muchas materias para mi el tiempo que pasaste en nuestro castillo- dijo ella con sincera gratitud y un tono de picardía en la voz.

– Y tú una excelente alumna – respondió él acercándose y dándole un abrazo, tras unos instantes añadió – Estás fría, ¿sabes?

Svetlana se echó a reír por primera vez desde que le arrebataron su vida.

– Creo que tu llegada impedirá que termine de volverme loca – dijo la vampiresa agarrando la mano de Nikolay – Ven y deja que te enseñe mi casa.

Nikolay asintió y siguió a la vampiresa hacia su mausoleo.

[Campañas nunca empezadas] Phiro el purificador

Este es un personaje creado por mi amigo Álvaro (alias Romen) para la partida de rol de Ánima cuyo prólogo publiqué el otro día. Lo publico tal cual me lo envió.

Una lástima que haya visto a tantos personajes quedarse sin empezar jamás sus aventuras, tanto míos como de otros 😦

Phiro el purificador

Es hermoso ver esta pequeña ciudad en llamas,  ¿verdad Aceman ?. Se que tu hubieras preferido verla helada, pero ambos somos muy diferentes, Al contrario que tu, yo pienso que el fuego purifica las almas para librarlas de pecado y poder vagar libremente, este pueblo debería agradecérmelo, estaba infectado con tantos violadores, ladrones y asesinos. Se lo merecían con creces por aquello… Arder es lo mejor que podían hacer…

Cuando veo las llamas purificadoras…recuerdo…mi abuelo…

¿Sabes Aceman? …voy a contarte una historia, la historia de mi vida…

Todo comenzó en un pequeño pueblo al Sur-Este de Abel. A mi abuelo le encantaba pescar, yo aún era muy pequeño y me quiso llevar con él en su pequeña barca de madera, nos adentramos lo suficiente en aquel mar interior para encontrar buenas piezas. Era un gran pescador y filosofo y me adoraba tanto como yo a él. Conforme nos íbamos adentrando me ponía mas nervioso, aquella sensación de no ver lo que había bajo nuestros pies me atemorizaba, pero mi abuelo me conocía. Al ver mi cara de pánico me comentaba las piezas que íbamos a pescar. El entusiasmo con el que hablaba y la alegría que transmitía al navegar con su único nieto me apaciguaba. Una hallados donde mi abuelo creía más oportuno paramos.

-Este lugar es misterioso pequeño, todos lo que se mueve bajo nuestros pies es enorme, es el mejor lugar para pescar en estas aguas y tan solo tu abuelo lo conoce.

Aquellas palabras pretendían animarme, pero ya estaba bastante nervioso pensando lo que habría allí debajo como para encima decirme que sería enorme… el sacó la caña de pescar y dándome la espalda se sentó hacia estribor para lanzar la caña. No se percato de que sus últimas palabras me provocaron un estruendoso temor, arrodillado sobre cubierta cubriéndome los ojos con mis pequeñas manos comencé a imaginarme las extrañas y enormes criaturas que según mi abuelo podrían haber ahí debajo. Al poco rato comenzó a gritar mi abuelo, escuchaba su voz tan fuerte y agonizante que separé mis manos para ver que ocurría. En efecto, unas de esas criaturas de las que me imaginaba estaba abordando el barco. Numerosos brazos de aguas surgían del mar para agarrar la cubierta, parecían querer hundirnos en sus dominios. Mi abuelo atemorizado blandió su hacha contra esos brazos sin conseguir nada.

-¡¡¡Están hechos de agua!!! , ¡¡¡Mi hacha solo las atraviesa!!!- Dijo mi abuelo intentando cortarlos una y otra vez. Volví a cerrar los ojos, no quería ver como esa miserable criatura acababa con nosotros…-

Pasó ya un buen rato y sentía como el agua mojaba mis piernas. Dejé por fin de escuchar el sonido del hacha contra la madera y escuché la voz de mi abuelo.

-Lo siento pequeño… la primera vez que vienes conmigo y ocurre esto… nunca en toda mi vida de pescador contemplé una criatura semejante. Lo más grande que me encontraba aquí eran atunes… lo siento pequeño.-

-No lo sientas abuelo, ya todo está bien, esa criatura se ha ido, ya podemos volver tranquilos…-

-¿No lo entiendes pequeño?… he intentado por todos los medios proteger este barco, no podía permitir que esa criatura entrase.-

-¡¡¡Y lo has conseguido abuelo !!!-

-No pequeño, no lo entiendes, la intención de esa criatura no era entrar, era hundirnos. Mira el casco del barco… golpeaba con todas mis fuerzas a la criatura y cuando desapareció… mira como entra el agua… lo siento pequeño. Nos hundimos…-

-¡Pero podemos llegar a nado hasta la orilla! Lo conseguiremos…-

-Tendrás que nadar tu solo pequeño-dijo entre fuertes aspiraciones de aire-estoy agotado…

El agua inundó ya todo el barco y esté comenzó a descender mientras quedábamos flotando a la deriva.

-Mira abuelo, esa tabla de madera podría servirnos.-

**

Sabes Aceman… mi abuelo fue la persona que mas me quería en este mundo. Fuimos hacia la tabla de madera yo me enganché primero y después mi abuelo. La tabla era muy pequeña y no aguantaba el peso de ambas, cuando se apoyo él comenzó a descender.

-Pequeño… debes ser fuerte en esta vida y saber tomar decisiones, esta es la primera de muchas que te encontrarás en tu camino por el mundo. Que sobrevivas es lo más importante, doy mi vida por la tuya, no me falles.- Dijo mientras se soltaba de la tabla y se hundía en su sueño eterno…

Cuando desperté estaba tirado en la playa agarrado fuertemente a la tabla, mi abuelo yacía entre las olas, fui a recogerlo y arrastrándolo hacia la orilla conseguí sacarlo del agua y dejarlo en tierra firme. Entonces fui a casa para avisar a mis padres quienes tras contarle lo ocurrido lo recogieron y prepararon su funeral.

En nuestra familia siempre hemos pensado que el fuego purifica el alma, así que lo subieron a una plataforma de madera, dejaron a su lado un atún enorme, su caña de pescar al otro y a los pies la pequeña tabla de madera de su barco.

Todo el pueblo estaba reunido aquella noche en aquel funeral, mi abuelo fue una persona muy querida por todos. Comenzaron a rezar mientras prendían la leña debajo de la plataforma y rápidamente empezó a arder. Todos lagrimeaban pero no yo, contemplaba esas llamas, danzantes, preciosas, esperando ver a mi abuelo entre ellas, y así fue. Entre esas purificadoras llamas contemplaba el espíritu de mi abuelo, sonriendo y agradeciéndome no haberle fallado. Me puse contento al ver a mi abuelo sonriendo, donde estuviera se le veía feliz.

Poco a poco la gente del pueblo se fue marchando mientras yo me quedaba sentado junto a la hoguera despidiéndome de él. Me miraba con una paz que me transmitía una tranquilidad sobrehumana. Entonces empecé a escuchar los murmullos de la muchedumbre cuando se iban, parecían tener los labios cerrados pero los escuchaba tan claramente… no podía creerlo, me acusaban de estar endemoniado, decían estar seguros de que aquella criatura fue traída por mi, de que estaba maldito… aquello no me gustó.

**

Fue pasando el tiempo, mis padres ya no querían hablar de mi abuelo, cada vez que recordaba algo me callaban y la gente seguía murmurando aquellas cosas. Aquella noche ocurrió algo, Cuando me acosté tenia unas ganas de volver a ver a mi abuelo… Soñé con él, con el fuego, como su espíritu me sonreía a través de las llamas, y me desperté. Que agradable sería volver a verlo, si aunque sea pudiera verle entre llamas de fuego… contemplé un momento la vela de mi mesita de noche… si la encendiera tal vez… ¡Y al momento se encendió! ¿Será cosa de mi Abuelo? Si fuese una llama más grande… ¡Y la habitación empezó a arder! Fue algo tan sorprendente Aceman… La habitación ardía, había fuego por todas partes, pero no consumía nada, ni la vela se derretía… fue extraño… Obviamente me asusté y empecé a gritar, mis padres entraron corriendo en la habitación pero al momento que abrieron la puerta las llamas desaparecieron, me dijeron que fue un sueño, que volviera a dormir, pero yo se lo que ví y estaba despierto…

**

A la noche siguiente cuando todos dormían bajé al salón, la chimenea aun estaba incandescente así que me senté junto a ella. Volví a hacer lo mismo, centre mi vista en la madera incandescente y desee avivarla, y efectivamente comenzó a arder. Acerqué mi mano al fuego para comprobar que como la noche anterior, no quemase y efectivamente, mi mano seguía intacta así que me concentré más, deseaba hacerla más y más grandes para poder ver a mi abuelo, poco a poco las llamas crecían, eran preciosas, danzantes, hipnotizantes, como si estuvieran intentando cortejarse unas llamas a otras, el fuego es asombroso… Pero no conseguía ver a mi abuelo, así que me concentré más y más las llamas comenzaron a crecer estrepitosamente, ya ni siquiera cabían en aquella chimenea, las llamas me atravesaban y me tranquilizaba al ver que no me quemaba, mi casa no corría peligro. Así pues me concentré más y más, el salón estaba completamente en llamas, incluso traspasaron a las habitaciones de arriba, la casa estaba completamente ardiendo, ya comenzaba a ver a mi abuelo, estaba ahí entre las llamas, contemplándome con su sonrisa, transmitiéndome paz. Entonces empecé a oír los gritos de mis padres, ¡Fuego, Fuego! Decían. Eché a correr por el salón hacia las escaleras, pero al subir el primer peldaño esté se deshizo, ¡¡¡ Las llamas eran auténticas !!! asustado corrí hacia la puerta y salí fuera, empecé a gritar, ¡Fuego, Fuego, SOCORRO! Y la gente del pueblo empezaron a salir de sus casas, traían cubos de aguas intentaban apagar mi casa, pero está fue consumida por las llamas. Yo me senté en la fuente de enfrente, asustado, amargado… Aquellas llamas… ¿Las cree yo?

Cuando el fuego por fin fue apagado no quedó rastro de nada, ni de mis padres ni de la casa, tan solo cenizas… todo el pueblo estaba a mi alrededor mirándome, clavándome aquellas miradas como puñales, entonces volví a escuchar esos murmullos… Me echaban a mi la culpa, decían que yo lo provoqué, todos tenían los labios cerrados pero a algunos aun así los escuchaba, comentaban que tuve un sueño en el que mi casa ardía y la noche siguiente echó a arder, comentaban lo que le pasó a mi abuelo, que todas las mañanas iba a pescar, y cuando fue conmigo sucedió aquello, me odiaban, querían verme muerto, quemado como mis padres, pero también sentían pena por mi, por haber perdido todo, ya no tenia familia. No se cual de aquellos sentimientos era peor. Por eso eché a correr, me fui de aquel pueblo, entonces fue cuando te conocí Aceman. ¿Te tengo en gran estima sabes ?…  juntos investigamos los que nos pasaba, por qué teníamos estos extraños dones, y me enseñaste como usarlos… Es por eso que quería volver aquí ya que tanto me lo preguntabas… lastima que te opusieras te opusieras a convertir esta ciudad a cenizas, mira Aceman, ya te veo allí, entre las llamas de aquel prostíbulo que levantaron en los cimientos de mi casa, mira, aquellos son mis padres, y aquel mi abuelo. Seguro que os lleváis bien.

Bueno Aceman, ya va siendo hora de irme, te veré entre las llamas…

CONTINUARA….

[Campañas nunca empezadas] Prólogo campaña de Ánima

He estado haciendo limpieza de mi email y he encontrado algunos correos de partidas de rol nunca comenzadas y he decidido rescatar esos relatos y trasfondos asociados para que no se pierdan y queden por lo menos como backup en el blog (y en la nota que se genera automáticamente en onenote de cada entrada de blog que publico :P)
En este caso es el prólogo de lo que iba a ser una campaña dirigida por mi del juego de rol de Ánima… cuando mi paciencia daba para sistemas con tantísimas reglas, jaja. 

Doracue era una pequeña ciudad de unos dos mil habitantes situada en el sur del Reino de Abel. Sus casas eran rústicas hechas de madera y algunas piedras. La economía principal de la ciudad era la ganadería, aquí se producían los mejores cerdos del país, y las aceitunas y la producción de aceite, pues las aceitunas más sabrosas crecían aquí.

La noche era extrañamente fría para ser pleno verano en la zona, incluso había algunas nubes en el cielo que parecían amenazar con soltar su carga sobre Doracue y cubrían la luna llena. Ningún vecino caminaba aquella noche por las calles de la ciudad pues esa noche nunca se salía de las casas, todos sabían las consecuencias. Por eso el forastero se encontraba solo en la plaza central del pueblo, esperando con impaciencia pues no dejaba de mirar hacia las tres entradas de la plaza.

Era un hombre de alrededor del metro setenta, su ropa era sencilla sin adornos y de color negro llevaba como complementos un pasamontañas, guantes y botas todo de color blanco, lo que hacía que resaltara en mitad de la noche a pesar de la escasa luz, su cuerpo era puro músculo fibroso. Iba bien armado pues a su espalda llevaba cruzada formando una X dos espadas de poco más de 60 centímetros con empuñaduras negras envainadas en fundas del mismo color, amarradas a cada muslo llevaba dos dagas en sendas vainas y de su cinturón colgaban al lado derecho una ballesta de mano exótica pues llevaba un cargador de 5 virotes y al lado izquierdo un cargador de repuesto. No se observaba que llevase ninguna armadura.

Llevaba más de una hora esperando en la plaza, era casi medianoche, el cielo se cubrió completamente de nubes y empezó a caer una lluvia ligera. Las campanas de la cercana iglesia empezaron a sonar y podían escucharse cantos a Dios que surgían de todas las casas, el forastero no entendía el latín antiguo que se usaba en las ceremonias pero sabía que eran plegarias de protección para ahuyentar a los demonios.

Pasó otra hora más y el forastero estaba ya empapado. Los cantos no cesaron pero parece que consiguieron el efecto opuesto puesto que por la entrada de la plaza frente a la iglesia aparecieron tres criaturas de aspecto no muy humano… dos de ellas eran prácticamente iguales, tenían una forma de caminar similar a la de los simios pequeños pero no eran tan graciosos como ellos. Medían alrededor de 75 centímetros encorvados, el forastero calculaba que por lo menos 20 centímetros más si se enderezaran. Sus largos brazos muy musculosos terminaban en unas manos de 3 garras de alrededor de 15 centímetros, su rostro era como el de un simio al que le hubieran arrancado la piel, iban completamente desnudos.

La otra criatura tenía un aspecto más humano aunque sus orejas eran puntiagudas, sus ojos brillaban con luz roja y sus manos terminaban también en garras aunque mucho más pequeñas que las de sus acompañantes. Medía alrededor del metro sesenta; llevaba su negro pelo, largo hasta el final de la espalda. Vestía un traje de noche con una larga gabardina. Se aproximaron hacia el centro de la plaza, el humanoide con cara entre curiosa, incrédula y de burla. Cuando ya estaban a poco más de 3 metros puso sus manos en las cabezas de las criaturas que se pararon inmediatamente y sonrió dejando ver unos colmillos muy desarrollados.
– No eres de por aquí, ¿verdad? – preguntó en un impecable idioma común. Su voz estaba llena de algo parecido al humor.

– ¿Dónde está Draena? – esa pregunta fue la respuesta del forastero con un marcado acento que dejaba claro que no era de allí.

El ser se puso inmediatamente tenso y todo rastro de diversión desapareció de su rostro.

– Eres Vincent – afirmó.

– Así es criatura – respondió él – Dime donde esta Draena.

– Esa información no puedo dártela, solo mi príncipe sabe donde está su Heraldo – dijo el ser volviendo a sonreír pero con un aire de preocupación en sus ojos – Hoy, yo, Seniu acabaré contigo… y cuando entregue tu cabeza a Draena me ganaré su favor y me acercaré un poco más a mi príncipe.

Seniu quitó las manos de las cabezas de las criaturas que salieron corriendo hacia Vincent. El humano se llevó ambas manos a la espalda y desenvainó las espadas adquiriendo una posición de combate con brazos y espadas por encima de sus hombros y el pie izquierdo ligeramente adelantado al derecho. Cuando las criaturas ya estaban prácticamente encima de él se movió con una velocidad que parecía imposible para un ser humano y de un tajo con cada espada mató a ambas criaturas.

– ¡Imposible! – exclamó Seniu dando inconscientemente un paso atrás y meneando negativamente la cabeza – Mis mascotas han matado a inquisidores y templarios de Tol Rauko sin sufrir un rasguño, ¿Cómo es posible?

– Yo estoy por encima de cualquier cosa a la que te hayas enfrentado antes Seniu – dijo Vincent avanzando lentamente hacia él con ambas espadas hacia abajo – Me llamaban el Cazador en mi tierra natal por mi gusto en cazar criaturas sobrenaturales como tú.

Los cantos de la gente del pueblo seguían oyéndose de fondo pero fueron apagados por el rugido que Seniu lanzó antes de ir contra Vincent, el brazo derecho de Seniu se convirtió en una enorme espada de llamas negras que superaba ampliamente la longitud de las espadas gemelas de Vincent.

La criatura lanzaba ataques continuos y de una velocidad cegadora contra el humano que no podía hacer otra cosa más que esquivar las continuas embestidas. Vincent retrocedía hacia la fuente del centro de la plaza y pronto estaría acorralado.

Para sorpresa del demonio, Vincent se dio la vuelta y corrió a una velocidad inhumana hacia la fuente, entrando dentro y corriendo hacia el otro lado.

Seniu comenzó a rodear la fuente desconfiado de la estrategia de Vincent que por su parte envainó la espada de la mano izquierda y cogió la ballesta disparando varios dardos contra Seniu que dejó que se le clavaran en su pecho desprotegido. Al cabo de tres segundos Vincent sonrió y los virotes estallaron haciendo hincar la rodilla a Seniu cuyo pecho sangraba por los enormes agujeros… pero la alegría le duró poco porque Seniu se puso en pie en poco tiempo riéndose a carcajadas con las heridas de su pecho empezando a cicatrizar.

– No entiendo como has podido cazar a otros demonios con estas armas – dijo Seniu entre risas mientras arrancaba las tiras rotas de su ropa – Me parece que mejor voy a llevarte vivo ante Draena.

Corrió hacia Vincent cuya sonrisa nunca desapareció de su cara. El demonio pudo apreciar al estar casi al lado de Vincent que una fina aura de color celeste muy claro casi transparente le rodeaba, entonces comprendió su error, Vincent solo estaba ganando tiempo.

Seniu intentó frenarse pero era tarde, Vincent se lanzó hacia él y pronunció unas palabras en un idioma que el demonio no conocía. El aura azul se volvió de un rojo intenso transparente tras el que podía verse a Vincent que desvió el arma del demonio empleando su antebrazo izquierdo con el que aún sujetaba la descargada ballesta. La espada de Vincent, que también estaba rodeada por el aura, cortó la piel del pecho del demonio como si fuera papel dejando un fino hilo de sangre que en esta ocasión no cicatrizó.
Ahora el combate estaba a favor de Vincent que continuamente hacía cortes al demonio que apenas era capaz de seguir los rápidos movimientos del humano que ya ni se preocupaba en esquivar, recibía los golpes del demonio sin inmutarse. Tras unos segundos así tiró la ballesta y desenvainó su segunda espada, en ese momento comprendió Seniu que estaba acabado. Un solo ataque más de Vincent le bastó para cortar el brazo al demonio y dejarle desarmado, el segundo ataque le amputó el otro brazo y le hizo caer de rodillas.

– ¿Dónde está Draena? – preguntó Vincent poniendo una espada en el cuello de Seniu y la otra con la punta preparada para estocar. El demonio le observó en silencio destrozado por un dolor tan enorme que nunca había sentido. La presión de la espada del cuello aumentó – No lo volveré a preguntar… siempre hay otros dispuestos a colaborar en vez de morir.
– Espera – suplicó Seniu cuando la espada de Vincent se levantó para dar el tajo que le cortara la cabeza – Si te digo donde está, ¿te crees capaz verdaderamente de acabar con ella?
– Yo nunca he querido matar a Draena – respondió Vincent que seguía preparado para atacar.
– Entonces, ¿por qué la buscas?
– Eso no te importa – respondió Vincent que hastiado bajó la espada cortando la cabeza del demonio que cayó muerto.
Vincent se quitó el pasamontañas y dejó ver su rostros de un hombre de alrededor de los 25 años, de un rostro con cierto atractivo, pelo moreno corto y ojos grises llenos de lágrimas. De nuevo había perdido la pista de Draena.
El aura roja desapareció de su cuerpo y Vincent se sintió débil y hambriento. Seniu le había exigido desplegar demasiado poder y eso no era bueno, Draena cada vez tenía siervos más poderosos. Iba a ser hora de empezar a cobrar favores para poder seguir con su cruzada, sería necesario un viaje a la Vigilia y para ello había un precio que pagar…

***


A la mañana siguiente…

Los grupos de mercaderes ralentizaron su marcha sin decirse nada entre ellos al acercarse a Doracue, su destino, el lugar donde iban a adquirir aceite y ganado y vender sus productos. El pueblo estaba extrañamente silencioso cuando a esa hora de la mañana ya debería haber comenzado el ajetreo propio del mercado, cuando llegaron a las primeras calles vieron que muchas puertas estaban destrozadas. Los mercenarios y empleados de las caravanas prepararon sus armas.
Cuando llegaron hasta la plaza el horror fue enorme, toda la plaza estaba llena de cadáveres de guardias y hombres adultos, pero lo más terrible estaba en la fuente donde debían yacer muertos todos los niños del pueblo que no tenían ningún tipo de herida visible. Las mujeres y hombres que no habían luchado estaban sollozando medio locos atrapados en el interior de la iglesia.
En menos de dos horas el ejército imperial acompañados de un miembro de la Inquisición estaba en el pueblo investigando lo ocurrido. Nunca se dio ninguna explicación de lo ocurrido y el pueblo fue incinerado por el fuego purificador de Dios junto con todos los testigos de lo ocurrido.
Del cadáver del demonio, sus dos esbirros y el forastero no había ni rastro. 

Rescatado

Aprovechando que me hice con un ejército enorme de eldars oscuros en una liquidación al 50% y que sale ahora su nuevo códex he empezado a preparar esas miniaturas para meterme de lleno en octava que aunque me gusta lo poquito que la he catado no me había puesto a jugarla más allá de pequeñas escaramuzas y de hecho no descarto montar el ejército, jugar un par de partidas y cuando salga Kill Team olvidarme del warhammer 40.000 normal 😛

Rescatado

El hermano Darael se despertó sintiéndose completamente débil aunque sin sentir dolor de ninguna clase y era incapaz de moverse pues unos fuertes grilletes le mantenían encadenado a la, por otro lado, cómoda cama donde se encontraba.

Miró a su alrededor y vio que estaba en una habitación con muebles artesanales de formas suaves y colores hermosos. Claramente no era arquitectura imperial y apestaba a xenos. Por lo que conocía de los enemigos alienígenas del imperio podrían ser aeldaris sus captores.

Darael se esforzó en recordar cómo podría haber acabado allí, los informes de las sondas del mechanicum indicaban que el planeta era fértil pero no había ninguna especie inteligente en él pues no encontraron ni ciudades ni nada parecido a asentamientos.

El Adeptus Mechanicum solicitó la asistencia de los astartes de los Ángeles de la Guerra, a los que pertenecía Darael, que estaban reparando su pequeña flota en el mundo Forja de Artherius tras la defensa de ese sector de manos de un ataque orko.

Dado que el Mechanicum les hizo varias mejoras a su crucero y que la campaña prometía ser corta puesto que lo más que se esperaba es que algún contingente rezagado de orkos pudiera aparecer por el cercano e inexplorado sector, los Ángeles de la Guerra decidieron acompañarles.

Aunque el capitán de la compañía le advirtió al mechanicum que no podrían quedarse mucho tiempo como protección puesto que tenían otros deberes que cumplir en la zona, Darael no sabía a qué se refería aunque sí sabía que estaban por estos sectores buscando algo. El Señor de la Forja dijo que no había problema que para cuando llegaran al planeta y estuviera establecida la primera base, ya se les habrían unido allí los soldados de la Guardia Imperial que se quedarían como guarnición permanente.

Tras un par de semanas de viaje, durante el descenso al planeta en las cañoneras thunderhawk de las escuadras del capítulo junto a las naves de transporte del mechanicum comenzó el caos. Las transmisiones eran confusas y sólo se hablaba de objetivos aéreos imposibles de seguir con la vista que golpeaban los transportes.

La nave que transportaba a Darael y a sus hermanos sufrió varios impactos y hubo un momento en que Darael perdió el conocimiento cuando los trozos de thunderhawk que habían sido destruidos por algún proyectil le impactaron causándole unas cuantas heridas graves.

Rememorando aquel momento se encontraba cuando oyó que se abría con apenas un susurro la puerta de la habitación. Levantó la cabeza todo lo que le permitió la argolla que también le sujetaba el cuello y apreció que entraba una figura femenina que que contoneaba sus caderas de forma que cualquier humano normal habría encontrado tremendamente sensual más aún porque la túnica tremendamente ceñida, probablemente de una o dos tallas más pequeñas, insinuaba que no llevaba nada más debajo pues se marcaba perfectamente su delgado y fibroso cuerpo.

— Hace siglos que no hablo tu idioma — dijo con un marcado acento alienígena — pero creo que lo recuerdo casi todo.

Se acercó a él y aunque seguía notando el cuerpo adormilado pudo sentir como le palpaba algunas zonas del torso.

— Parece que te has recuperado perfectamente — comentó mientras le cogía de la barbilla y le miraba fijamente a los ojos — solo hubo que estabilizarte y tu formidable organismo hizo el resto, los mon-keigh astartes nunca dejarías de sorprenderme.

— ¿Fuisteis vosotros los que nos atacastéis? – preguntó con dificultad Darael pues tenía la lengua un poco pastosa.

— En efecto — respondió ella con toda la naturalidad del mundo — Este es un mundo virgen aeldari habitados por lo que nosotros llamamos exoditas.

— El mechanicum no detectó ciudades ni ningún tipo de tecnología en el planeta — replicó Darael.

— Claro que no, los exoditas son miembros de los aeldari que no tienen tecnología ni grandes ciudades — se podía notar melancolía en su voz al decir esas palabras y las que siguieron — ellos son puros y viven en armonía con la naturaleza.

— Y por eso fue vuestro ataque — comenzó a decir Darael.

— Pues claro — dijo ella subiendo el tono de voz — vosotros destruís todo lo que no es humano y eso hizo que me tocara venir a este mundo.

— ¿Y entonces por qué me habéis salvado? — preguntó Darael.

— Pues porque tú, tus otros 3 hermanos y los pocos mon-keigh mecánicos que habéis sobrevivido sois mi botín de guerra — respondió ella.

— Pensaba que los aeldaris no hacíais prisioneros — dijo Darael — de los ataques que he leído es que atacais y erradicáis completamente al enemigo sin estar quietos nunca.

— Muy propio de los mon-keigh pensar que somos todos iguales — replicó ella — aunque imagino que el hecho de que esté usando esta túnica tan bonita te habrá condundido.

Darael no entendía a que se refería.

— Los protectores de estos exoditas no somos aledari de los mundos astronaves — dijo ella riéndose — Soy Aleria de la Hoja Púrpura, culto aliado de la Cábala de las Dos Caras.

La expresión de Darael cambió drásticamente, se había sentido engañado por el hecho de estar en una cómoda cama y curado aunque inmovilizado. Eran…

— Si, somo drukharis y vas a tener el placer de divertirme, espero que por mucho tiempo, en las arenas de Commoragh.

¡Al abordaje!

Un nuevo relato basado en un inktober del maestro Awen.

Aradun Stormpike disparó al pecho del enorme semiogro que cargaba contra él logrando frenar un poco a la bestia que se llevó la mano a su estómago de manera refleja pero en la práctica solo sirvió para cabrearlo más ya que al instante reanudó la carrera, aunque más despacio.

El enano tiró la pistola al suelo y desenfundó la otra disparando esta vez a la cara de la criatura, que se llevó la mano al hueco que había sustituido a su mentón y cayó de rodillas ante Aradun que aprovechó para clavar su espada varias veces en el pecho de la criatura que cayó muerta.

— ¡Joder! — gritó Aradun recargando con maestría la primera de sus pistolas — Odio que contraten a esta escoria mestiza.

Recogió la segunda pistola y la puso en su cinto pero sin tiempo para recargarla ya que vio que un humano equipado con armadura pesada y mandoble partía a uno de sus tripulantes. Aradun sonrió y subió a toda prisa hacia la zona del timón, todo lo rápido que un enano puedo correr, clavó la espada por la espalda a otro enemigo. «Menos mal que casi todos llevan cuero en lugar de metal».

Junto al timón estaba el cuerpo sin vida de Archi, su timonel, atravesado por una flecha. Aradun juró venganza y cogió el cuerno que colgaba al lado del timón y lo hizo sonar. Toda la tripulación sabía lo que significaba y se alejaron de las peleas que estaban disputando, al instante Aradun hizo girar salvajemente el timón y tocó los mandos de los alerones lo que hizo que el barco girase bruscamente tanto en horizontal como en vertical y la mayoría de los atacantes salieron volando en su mayoría precipitándose al vacío.

— ¡Siempre es un placer ver caer a la guardia imperial a través del mar de nubes! — exclamó entre risas a las que se unieron sus tripulantes — Adelante muchachos, asaltad su barco y traer cualquier cosa de valor que encontréis.

— Capitán, ¿qué hacemos con el barco cuando acabemos? — preguntó el contramaestre Thirien un joven elfo al que salvó de la esclavitud hacía ya muchos años.

— Encárgate de ponerlo en rumbo hacia el puerto del Imperio más cercano, bloquea el timón y lánzalo a toda velocidad en esa dirección — dijo con una sonrisa — Que esos filibusteros aprendan que no se puede abordar un barco pirata.

Thirien asintió y corrió hacia las planchas de abordaje que sus compañeros ya habían tendido sobre el barco imperial.

Aradun miró al horizonte y contempló el inmenso mar de nubes. «Que maravilloso es esto de volar libre». Soltó una risa, cargó tranquilamente su segunda pistola y se puso a pensar a quien debería designar de timonel.

Una nueva asignación

Mi buen amigo Kike, se ha puesto a participar en el inktober (aunque va con 3 dibujos de retraso) y he decidido intentar hacer un relato de cada uno de sus dibujos aunque si él va con retraso ya os digo yo que los relatos, dado que estoy en búsqueda de piso, es probable que se vayan a noviembre 😛

Byron Evens suspiró mientras veía marcharse al que hasta hace poco había sido su copiloto, lo que en una nave más grande se habría llamado primer oficial aunque claro el habría recibido en esa nave el nombre de capitán y nunca nadie en su tripulación le había llamado así… Byron suponía que su predisposición a emborracharse siempre que no tenía que negociar un trabajo no ayudaba.

Detrás de Byron estaba el maltratado crucero ligero TR-0299 al que ni siquiera se había molestado en darle nombre si solo hubiera estado su maltrecha nave no habría pasado nada pero también estaban Ross, su padre, y Sabine, su hermana pequeña.

— ¿De verdad Byron? — dijo su padre — sido capaz de destrozar este crucero en solo 6 meses?

— Esta demasiado ligero y pequeño para trabajar correctamente — replicó él.

— Es que no tenías que volver a meterte en negocios ilegales — soltó con suspiro su hermana — La familia Evens tiene una reputación que tú te empeñas en destruir.

— ¡No te metas en esto niñata! — le gritó dando un paso para soltarle una bofetada.

Ross dio un paso adelante y se puso en medio agarrando y retorciendo la mano de Byron que cayó de culo al suelo presa del desequilibrio de la borrachera… aunque el hecho de que su padre le sacara dos cabezas de alto y fuera alguien que siempre estaba en el gimnasio también ayudó.

— Voy a suponer que este gesto de violencia hacia tu hermana es por culpa del alcohol, Byron — le espetó con furia – pero como vuelva a repetirse estés sobrio o borracho te arrepentirás.

Byron se levantó y se sacudió los pantalones.

— Perdóname Sabine – dijo – Estoy borracho y acabo de discutir con el que pensaba que era mi amigo.

— Te perdono esta vez – respondió ella — pero ten por seguro que si no está papá fácilmente puedo defenderme yo… o uno de mis guardaespaldas.

Byron asintió pues sabía que si su padre era un hombre de pesas en el gimnasio, su hermana era experta en varias artes marciales, alguna incluso de origen no humano.

— Mira Byron esto no puede seguir así — dijo su padre señalando el destrozado crucero — Tienes que dejar de beber y asumir verdadera responsabilidad pero ya has demostrado que si te pongo al mano de una nave no funciona así que voy a destinarte como segundo oficial en uno de nuestro crucero más importante, el Moon Raider.

— ¿¡La nave de Sabine!? — exclamó Byron — No pienso estar a las órdenes de mi hermana y de quien sea ahora su primer oficial.

— Si no quieres que te desherede ahora mismo entrarás a formar parte de la Moon Raider dentro de dos días — ordenó su padre y se puso a su lado — y obedecerás todas las órdenes de tu Capitana y su primer oficial… Y en el caso de que me den un informe favorable de ti quizás vuelvas a tener una nave de nuestra flota comercial.

Byron suspiró y se imaginó sentado bebiendo en la silla de mando del Moon Raider antes de abrir los ojos al escuchar la voz de su hermana.

— Te veo pasado mañana en la nave a las 6:00 de la mañana — comenzó a caminar junto a su padre fuera de la plataforma de aterrizaje — No llegues tarde o nos iremos sin ti y el informe será desfavorable.

«Servir a las órdenes de mi hermana pequeña o quedarme sin mi parte del negocio familiar… difícil decisión» miró su destrozado crucero y tomó su decisión.