Cementerio de PJs III – Aldo (personaje para Ánima)

Aldo es un personaje para Ánima el juego de rol que es de una campaña que se canceló tras dos sesiones (y en verdad no me extraña porque con lo que adoraba antes este juego ahora yo, por ejemplo, no tengo ya paciencia para este sistema tan lento)

Como no publiqué su trasfondo en su momento os dejo aquí el trasfondo ahora.


Desde que Aldo cumplió los 14 años sus sueños son inquietos y llenos de extrañas escenas donde ve a una pareja de elfos, aunque él no sabe este nombre, en diferentes estados de convivencia hogareña.
Cuando tenía 16 años a su aldea en el sur del Imperio de Abel llegó un anciano que por algún motivo vio algo en Aldo y, además, de acoplarse en la casa de la familia comenzó a enseñarle a ver más allá de la realidad y a controlar la energía interior que todos llevamos dentro. El anciano nunca les dijo su nombre, simplemente les pidió que le llamasen Anciano

Un año después Aldo ya era capaz de manipular su energía interior llegando incluso a ser capaz de correr sobre las aguas cortas distancias o ver las extrañas energías arcanas que fluyen por el mundo. Además, había estado practicando junto a su padre, un veterano de guerra, el uso de las armas y armaduras de los soldados.

El día de su 18 cumpleaños el anciano le dijo que debía marcharse y que probablemente no volverían a verse y que él también debería irse porque acabaría trayendo problemas a su gente. Pero antes de irse el anciano le dijo que le daría un regalo, golpeó varios puntos del pecho Aldo y se marchó. Desde aquel día los sueños de lo que ahora tenía clarísimo que era su vida pasada se intensificaron así como su facilidad para controlar el ki.

Eso le hizo obsesionarse con encontrar a la persona que está convencido comparte sus sueños con él. Esto ha acabado provocándole un estado de amargura que ahoga en la bebida y que ha acabado generándole cierta adicción que le lleva a consumir media botella de vino diaria si está de viaje o más si pasa por alguna taberna. Esta obsesión por la bebida ha hecho que los efectos del agotamiento físico le pesen más a pesar de que su cuerpo musculoso debería indicar que es fuerte y resistente.

Cuando ya hacía 6 meses que el anciano se había marchado llegó un grupo de 3 personas buscándole y la gente del pueblo les señaló la casa de Aldo y su padre. Tras una acalorada discusión e insistir en que les mentían, uno de los hombres desenvainó la espada pero no contaba con la fuerza y ferocidad de Aldo que aún desarmado logró dejarlo KO, los otros dos hombres atacaron rápidamente.

Uno haciendo uso de la magia le atacó pero Aldo usando su ki para pasarlo a la espada que había recogido del atacante derribado logró desviar el rayo de energía. El otro hombre atacó y mató a su padre que a pesar de haber sido un gran soldado del Imperio ahora ya estaba demasiado mayor.

Aldo se enfureció y logró acabar con el que lanzaba magia antes de que el otro pudiera girarse hacia él, tras unos cuantos cruces de espada Aldo consiguió matarlo de una certera estocada. Y sin piedad ninguna, llevado por la ira por su padre muerto, rajó el cuello del que aún yacía inconsciente.

Tras unos momentos de recuperar el aliento recogió el equipo militar de su padre, los ahorros de toda la vida de su padre, compró un caballo, prendió fuego a su casa con los cuerpos dentro y se alejó para siempre de su aldea. Con tres objetivos en mente, averiguar quién era el anciano, quienes eran esos hombres que le buscaban y especialmente encontrar a la persona con la que soñaba en su forma humana.

[Campañas nunca empezadas] Phiro el purificador

Este es un personaje creado por mi amigo Álvaro (alias Romen) para la partida de rol de Ánima cuyo prólogo publiqué el otro día. Lo publico tal cual me lo envió.

Una lástima que haya visto a tantos personajes quedarse sin empezar jamás sus aventuras, tanto míos como de otros 😦

Phiro el purificador

Es hermoso ver esta pequeña ciudad en llamas,  ¿verdad Aceman ?. Se que tu hubieras preferido verla helada, pero ambos somos muy diferentes, Al contrario que tu, yo pienso que el fuego purifica las almas para librarlas de pecado y poder vagar libremente, este pueblo debería agradecérmelo, estaba infectado con tantos violadores, ladrones y asesinos. Se lo merecían con creces por aquello… Arder es lo mejor que podían hacer…

Cuando veo las llamas purificadoras…recuerdo…mi abuelo…

¿Sabes Aceman? …voy a contarte una historia, la historia de mi vida…

Todo comenzó en un pequeño pueblo al Sur-Este de Abel. A mi abuelo le encantaba pescar, yo aún era muy pequeño y me quiso llevar con él en su pequeña barca de madera, nos adentramos lo suficiente en aquel mar interior para encontrar buenas piezas. Era un gran pescador y filosofo y me adoraba tanto como yo a él. Conforme nos íbamos adentrando me ponía mas nervioso, aquella sensación de no ver lo que había bajo nuestros pies me atemorizaba, pero mi abuelo me conocía. Al ver mi cara de pánico me comentaba las piezas que íbamos a pescar. El entusiasmo con el que hablaba y la alegría que transmitía al navegar con su único nieto me apaciguaba. Una hallados donde mi abuelo creía más oportuno paramos.

-Este lugar es misterioso pequeño, todos lo que se mueve bajo nuestros pies es enorme, es el mejor lugar para pescar en estas aguas y tan solo tu abuelo lo conoce.

Aquellas palabras pretendían animarme, pero ya estaba bastante nervioso pensando lo que habría allí debajo como para encima decirme que sería enorme… el sacó la caña de pescar y dándome la espalda se sentó hacia estribor para lanzar la caña. No se percato de que sus últimas palabras me provocaron un estruendoso temor, arrodillado sobre cubierta cubriéndome los ojos con mis pequeñas manos comencé a imaginarme las extrañas y enormes criaturas que según mi abuelo podrían haber ahí debajo. Al poco rato comenzó a gritar mi abuelo, escuchaba su voz tan fuerte y agonizante que separé mis manos para ver que ocurría. En efecto, unas de esas criaturas de las que me imaginaba estaba abordando el barco. Numerosos brazos de aguas surgían del mar para agarrar la cubierta, parecían querer hundirnos en sus dominios. Mi abuelo atemorizado blandió su hacha contra esos brazos sin conseguir nada.

-¡¡¡Están hechos de agua!!! , ¡¡¡Mi hacha solo las atraviesa!!!- Dijo mi abuelo intentando cortarlos una y otra vez. Volví a cerrar los ojos, no quería ver como esa miserable criatura acababa con nosotros…-

Pasó ya un buen rato y sentía como el agua mojaba mis piernas. Dejé por fin de escuchar el sonido del hacha contra la madera y escuché la voz de mi abuelo.

-Lo siento pequeño… la primera vez que vienes conmigo y ocurre esto… nunca en toda mi vida de pescador contemplé una criatura semejante. Lo más grande que me encontraba aquí eran atunes… lo siento pequeño.-

-No lo sientas abuelo, ya todo está bien, esa criatura se ha ido, ya podemos volver tranquilos…-

-¿No lo entiendes pequeño?… he intentado por todos los medios proteger este barco, no podía permitir que esa criatura entrase.-

-¡¡¡Y lo has conseguido abuelo !!!-

-No pequeño, no lo entiendes, la intención de esa criatura no era entrar, era hundirnos. Mira el casco del barco… golpeaba con todas mis fuerzas a la criatura y cuando desapareció… mira como entra el agua… lo siento pequeño. Nos hundimos…-

-¡Pero podemos llegar a nado hasta la orilla! Lo conseguiremos…-

-Tendrás que nadar tu solo pequeño-dijo entre fuertes aspiraciones de aire-estoy agotado…

El agua inundó ya todo el barco y esté comenzó a descender mientras quedábamos flotando a la deriva.

-Mira abuelo, esa tabla de madera podría servirnos.-

**

Sabes Aceman… mi abuelo fue la persona que mas me quería en este mundo. Fuimos hacia la tabla de madera yo me enganché primero y después mi abuelo. La tabla era muy pequeña y no aguantaba el peso de ambas, cuando se apoyo él comenzó a descender.

-Pequeño… debes ser fuerte en esta vida y saber tomar decisiones, esta es la primera de muchas que te encontrarás en tu camino por el mundo. Que sobrevivas es lo más importante, doy mi vida por la tuya, no me falles.- Dijo mientras se soltaba de la tabla y se hundía en su sueño eterno…

Cuando desperté estaba tirado en la playa agarrado fuertemente a la tabla, mi abuelo yacía entre las olas, fui a recogerlo y arrastrándolo hacia la orilla conseguí sacarlo del agua y dejarlo en tierra firme. Entonces fui a casa para avisar a mis padres quienes tras contarle lo ocurrido lo recogieron y prepararon su funeral.

En nuestra familia siempre hemos pensado que el fuego purifica el alma, así que lo subieron a una plataforma de madera, dejaron a su lado un atún enorme, su caña de pescar al otro y a los pies la pequeña tabla de madera de su barco.

Todo el pueblo estaba reunido aquella noche en aquel funeral, mi abuelo fue una persona muy querida por todos. Comenzaron a rezar mientras prendían la leña debajo de la plataforma y rápidamente empezó a arder. Todos lagrimeaban pero no yo, contemplaba esas llamas, danzantes, preciosas, esperando ver a mi abuelo entre ellas, y así fue. Entre esas purificadoras llamas contemplaba el espíritu de mi abuelo, sonriendo y agradeciéndome no haberle fallado. Me puse contento al ver a mi abuelo sonriendo, donde estuviera se le veía feliz.

Poco a poco la gente del pueblo se fue marchando mientras yo me quedaba sentado junto a la hoguera despidiéndome de él. Me miraba con una paz que me transmitía una tranquilidad sobrehumana. Entonces empecé a escuchar los murmullos de la muchedumbre cuando se iban, parecían tener los labios cerrados pero los escuchaba tan claramente… no podía creerlo, me acusaban de estar endemoniado, decían estar seguros de que aquella criatura fue traída por mi, de que estaba maldito… aquello no me gustó.

**

Fue pasando el tiempo, mis padres ya no querían hablar de mi abuelo, cada vez que recordaba algo me callaban y la gente seguía murmurando aquellas cosas. Aquella noche ocurrió algo, Cuando me acosté tenia unas ganas de volver a ver a mi abuelo… Soñé con él, con el fuego, como su espíritu me sonreía a través de las llamas, y me desperté. Que agradable sería volver a verlo, si aunque sea pudiera verle entre llamas de fuego… contemplé un momento la vela de mi mesita de noche… si la encendiera tal vez… ¡Y al momento se encendió! ¿Será cosa de mi Abuelo? Si fuese una llama más grande… ¡Y la habitación empezó a arder! Fue algo tan sorprendente Aceman… La habitación ardía, había fuego por todas partes, pero no consumía nada, ni la vela se derretía… fue extraño… Obviamente me asusté y empecé a gritar, mis padres entraron corriendo en la habitación pero al momento que abrieron la puerta las llamas desaparecieron, me dijeron que fue un sueño, que volviera a dormir, pero yo se lo que ví y estaba despierto…

**

A la noche siguiente cuando todos dormían bajé al salón, la chimenea aun estaba incandescente así que me senté junto a ella. Volví a hacer lo mismo, centre mi vista en la madera incandescente y desee avivarla, y efectivamente comenzó a arder. Acerqué mi mano al fuego para comprobar que como la noche anterior, no quemase y efectivamente, mi mano seguía intacta así que me concentré más, deseaba hacerla más y más grandes para poder ver a mi abuelo, poco a poco las llamas crecían, eran preciosas, danzantes, hipnotizantes, como si estuvieran intentando cortejarse unas llamas a otras, el fuego es asombroso… Pero no conseguía ver a mi abuelo, así que me concentré más y más las llamas comenzaron a crecer estrepitosamente, ya ni siquiera cabían en aquella chimenea, las llamas me atravesaban y me tranquilizaba al ver que no me quemaba, mi casa no corría peligro. Así pues me concentré más y más, el salón estaba completamente en llamas, incluso traspasaron a las habitaciones de arriba, la casa estaba completamente ardiendo, ya comenzaba a ver a mi abuelo, estaba ahí entre las llamas, contemplándome con su sonrisa, transmitiéndome paz. Entonces empecé a oír los gritos de mis padres, ¡Fuego, Fuego! Decían. Eché a correr por el salón hacia las escaleras, pero al subir el primer peldaño esté se deshizo, ¡¡¡ Las llamas eran auténticas !!! asustado corrí hacia la puerta y salí fuera, empecé a gritar, ¡Fuego, Fuego, SOCORRO! Y la gente del pueblo empezaron a salir de sus casas, traían cubos de aguas intentaban apagar mi casa, pero está fue consumida por las llamas. Yo me senté en la fuente de enfrente, asustado, amargado… Aquellas llamas… ¿Las cree yo?

Cuando el fuego por fin fue apagado no quedó rastro de nada, ni de mis padres ni de la casa, tan solo cenizas… todo el pueblo estaba a mi alrededor mirándome, clavándome aquellas miradas como puñales, entonces volví a escuchar esos murmullos… Me echaban a mi la culpa, decían que yo lo provoqué, todos tenían los labios cerrados pero a algunos aun así los escuchaba, comentaban que tuve un sueño en el que mi casa ardía y la noche siguiente echó a arder, comentaban lo que le pasó a mi abuelo, que todas las mañanas iba a pescar, y cuando fue conmigo sucedió aquello, me odiaban, querían verme muerto, quemado como mis padres, pero también sentían pena por mi, por haber perdido todo, ya no tenia familia. No se cual de aquellos sentimientos era peor. Por eso eché a correr, me fui de aquel pueblo, entonces fue cuando te conocí Aceman. ¿Te tengo en gran estima sabes ?…  juntos investigamos los que nos pasaba, por qué teníamos estos extraños dones, y me enseñaste como usarlos… Es por eso que quería volver aquí ya que tanto me lo preguntabas… lastima que te opusieras te opusieras a convertir esta ciudad a cenizas, mira Aceman, ya te veo allí, entre las llamas de aquel prostíbulo que levantaron en los cimientos de mi casa, mira, aquellos son mis padres, y aquel mi abuelo. Seguro que os lleváis bien.

Bueno Aceman, ya va siendo hora de irme, te veré entre las llamas…

CONTINUARA….

[Campañas nunca empezadas] Prólogo campaña de Ánima

He estado haciendo limpieza de mi email y he encontrado algunos correos de partidas de rol nunca comenzadas y he decidido rescatar esos relatos y trasfondos asociados para que no se pierdan y queden por lo menos como backup en el blog (y en la nota que se genera automáticamente en onenote de cada entrada de blog que publico :P)
En este caso es el prólogo de lo que iba a ser una campaña dirigida por mi del juego de rol de Ánima… cuando mi paciencia daba para sistemas con tantísimas reglas, jaja. 

Doracue era una pequeña ciudad de unos dos mil habitantes situada en el sur del Reino de Abel. Sus casas eran rústicas hechas de madera y algunas piedras. La economía principal de la ciudad era la ganadería, aquí se producían los mejores cerdos del país, y las aceitunas y la producción de aceite, pues las aceitunas más sabrosas crecían aquí.

La noche era extrañamente fría para ser pleno verano en la zona, incluso había algunas nubes en el cielo que parecían amenazar con soltar su carga sobre Doracue y cubrían la luna llena. Ningún vecino caminaba aquella noche por las calles de la ciudad pues esa noche nunca se salía de las casas, todos sabían las consecuencias. Por eso el forastero se encontraba solo en la plaza central del pueblo, esperando con impaciencia pues no dejaba de mirar hacia las tres entradas de la plaza.

Era un hombre de alrededor del metro setenta, su ropa era sencilla sin adornos y de color negro llevaba como complementos un pasamontañas, guantes y botas todo de color blanco, lo que hacía que resaltara en mitad de la noche a pesar de la escasa luz, su cuerpo era puro músculo fibroso. Iba bien armado pues a su espalda llevaba cruzada formando una X dos espadas de poco más de 60 centímetros con empuñaduras negras envainadas en fundas del mismo color, amarradas a cada muslo llevaba dos dagas en sendas vainas y de su cinturón colgaban al lado derecho una ballesta de mano exótica pues llevaba un cargador de 5 virotes y al lado izquierdo un cargador de repuesto. No se observaba que llevase ninguna armadura.

Llevaba más de una hora esperando en la plaza, era casi medianoche, el cielo se cubrió completamente de nubes y empezó a caer una lluvia ligera. Las campanas de la cercana iglesia empezaron a sonar y podían escucharse cantos a Dios que surgían de todas las casas, el forastero no entendía el latín antiguo que se usaba en las ceremonias pero sabía que eran plegarias de protección para ahuyentar a los demonios.

Pasó otra hora más y el forastero estaba ya empapado. Los cantos no cesaron pero parece que consiguieron el efecto opuesto puesto que por la entrada de la plaza frente a la iglesia aparecieron tres criaturas de aspecto no muy humano… dos de ellas eran prácticamente iguales, tenían una forma de caminar similar a la de los simios pequeños pero no eran tan graciosos como ellos. Medían alrededor de 75 centímetros encorvados, el forastero calculaba que por lo menos 20 centímetros más si se enderezaran. Sus largos brazos muy musculosos terminaban en unas manos de 3 garras de alrededor de 15 centímetros, su rostro era como el de un simio al que le hubieran arrancado la piel, iban completamente desnudos.

La otra criatura tenía un aspecto más humano aunque sus orejas eran puntiagudas, sus ojos brillaban con luz roja y sus manos terminaban también en garras aunque mucho más pequeñas que las de sus acompañantes. Medía alrededor del metro sesenta; llevaba su negro pelo, largo hasta el final de la espalda. Vestía un traje de noche con una larga gabardina. Se aproximaron hacia el centro de la plaza, el humanoide con cara entre curiosa, incrédula y de burla. Cuando ya estaban a poco más de 3 metros puso sus manos en las cabezas de las criaturas que se pararon inmediatamente y sonrió dejando ver unos colmillos muy desarrollados.
– No eres de por aquí, ¿verdad? – preguntó en un impecable idioma común. Su voz estaba llena de algo parecido al humor.

– ¿Dónde está Draena? – esa pregunta fue la respuesta del forastero con un marcado acento que dejaba claro que no era de allí.

El ser se puso inmediatamente tenso y todo rastro de diversión desapareció de su rostro.

– Eres Vincent – afirmó.

– Así es criatura – respondió él – Dime donde esta Draena.

– Esa información no puedo dártela, solo mi príncipe sabe donde está su Heraldo – dijo el ser volviendo a sonreír pero con un aire de preocupación en sus ojos – Hoy, yo, Seniu acabaré contigo… y cuando entregue tu cabeza a Draena me ganaré su favor y me acercaré un poco más a mi príncipe.

Seniu quitó las manos de las cabezas de las criaturas que salieron corriendo hacia Vincent. El humano se llevó ambas manos a la espalda y desenvainó las espadas adquiriendo una posición de combate con brazos y espadas por encima de sus hombros y el pie izquierdo ligeramente adelantado al derecho. Cuando las criaturas ya estaban prácticamente encima de él se movió con una velocidad que parecía imposible para un ser humano y de un tajo con cada espada mató a ambas criaturas.

– ¡Imposible! – exclamó Seniu dando inconscientemente un paso atrás y meneando negativamente la cabeza – Mis mascotas han matado a inquisidores y templarios de Tol Rauko sin sufrir un rasguño, ¿Cómo es posible?

– Yo estoy por encima de cualquier cosa a la que te hayas enfrentado antes Seniu – dijo Vincent avanzando lentamente hacia él con ambas espadas hacia abajo – Me llamaban el Cazador en mi tierra natal por mi gusto en cazar criaturas sobrenaturales como tú.

Los cantos de la gente del pueblo seguían oyéndose de fondo pero fueron apagados por el rugido que Seniu lanzó antes de ir contra Vincent, el brazo derecho de Seniu se convirtió en una enorme espada de llamas negras que superaba ampliamente la longitud de las espadas gemelas de Vincent.

La criatura lanzaba ataques continuos y de una velocidad cegadora contra el humano que no podía hacer otra cosa más que esquivar las continuas embestidas. Vincent retrocedía hacia la fuente del centro de la plaza y pronto estaría acorralado.

Para sorpresa del demonio, Vincent se dio la vuelta y corrió a una velocidad inhumana hacia la fuente, entrando dentro y corriendo hacia el otro lado.

Seniu comenzó a rodear la fuente desconfiado de la estrategia de Vincent que por su parte envainó la espada de la mano izquierda y cogió la ballesta disparando varios dardos contra Seniu que dejó que se le clavaran en su pecho desprotegido. Al cabo de tres segundos Vincent sonrió y los virotes estallaron haciendo hincar la rodilla a Seniu cuyo pecho sangraba por los enormes agujeros… pero la alegría le duró poco porque Seniu se puso en pie en poco tiempo riéndose a carcajadas con las heridas de su pecho empezando a cicatrizar.

– No entiendo como has podido cazar a otros demonios con estas armas – dijo Seniu entre risas mientras arrancaba las tiras rotas de su ropa – Me parece que mejor voy a llevarte vivo ante Draena.

Corrió hacia Vincent cuya sonrisa nunca desapareció de su cara. El demonio pudo apreciar al estar casi al lado de Vincent que una fina aura de color celeste muy claro casi transparente le rodeaba, entonces comprendió su error, Vincent solo estaba ganando tiempo.

Seniu intentó frenarse pero era tarde, Vincent se lanzó hacia él y pronunció unas palabras en un idioma que el demonio no conocía. El aura azul se volvió de un rojo intenso transparente tras el que podía verse a Vincent que desvió el arma del demonio empleando su antebrazo izquierdo con el que aún sujetaba la descargada ballesta. La espada de Vincent, que también estaba rodeada por el aura, cortó la piel del pecho del demonio como si fuera papel dejando un fino hilo de sangre que en esta ocasión no cicatrizó.
Ahora el combate estaba a favor de Vincent que continuamente hacía cortes al demonio que apenas era capaz de seguir los rápidos movimientos del humano que ya ni se preocupaba en esquivar, recibía los golpes del demonio sin inmutarse. Tras unos segundos así tiró la ballesta y desenvainó su segunda espada, en ese momento comprendió Seniu que estaba acabado. Un solo ataque más de Vincent le bastó para cortar el brazo al demonio y dejarle desarmado, el segundo ataque le amputó el otro brazo y le hizo caer de rodillas.

– ¿Dónde está Draena? – preguntó Vincent poniendo una espada en el cuello de Seniu y la otra con la punta preparada para estocar. El demonio le observó en silencio destrozado por un dolor tan enorme que nunca había sentido. La presión de la espada del cuello aumentó – No lo volveré a preguntar… siempre hay otros dispuestos a colaborar en vez de morir.
– Espera – suplicó Seniu cuando la espada de Vincent se levantó para dar el tajo que le cortara la cabeza – Si te digo donde está, ¿te crees capaz verdaderamente de acabar con ella?
– Yo nunca he querido matar a Draena – respondió Vincent que seguía preparado para atacar.
– Entonces, ¿por qué la buscas?
– Eso no te importa – respondió Vincent que hastiado bajó la espada cortando la cabeza del demonio que cayó muerto.
Vincent se quitó el pasamontañas y dejó ver su rostros de un hombre de alrededor de los 25 años, de un rostro con cierto atractivo, pelo moreno corto y ojos grises llenos de lágrimas. De nuevo había perdido la pista de Draena.
El aura roja desapareció de su cuerpo y Vincent se sintió débil y hambriento. Seniu le había exigido desplegar demasiado poder y eso no era bueno, Draena cada vez tenía siervos más poderosos. Iba a ser hora de empezar a cobrar favores para poder seguir con su cruzada, sería necesario un viaje a la Vigilia y para ello había un precio que pagar…

***


A la mañana siguiente…

Los grupos de mercaderes ralentizaron su marcha sin decirse nada entre ellos al acercarse a Doracue, su destino, el lugar donde iban a adquirir aceite y ganado y vender sus productos. El pueblo estaba extrañamente silencioso cuando a esa hora de la mañana ya debería haber comenzado el ajetreo propio del mercado, cuando llegaron a las primeras calles vieron que muchas puertas estaban destrozadas. Los mercenarios y empleados de las caravanas prepararon sus armas.
Cuando llegaron hasta la plaza el horror fue enorme, toda la plaza estaba llena de cadáveres de guardias y hombres adultos, pero lo más terrible estaba en la fuente donde debían yacer muertos todos los niños del pueblo que no tenían ningún tipo de herida visible. Las mujeres y hombres que no habían luchado estaban sollozando medio locos atrapados en el interior de la iglesia.
En menos de dos horas el ejército imperial acompañados de un miembro de la Inquisición estaba en el pueblo investigando lo ocurrido. Nunca se dio ninguna explicación de lo ocurrido y el pueblo fue incinerado por el fuego purificador de Dios junto con todos los testigos de lo ocurrido.
Del cadáver del demonio, sus dos esbirros y el forastero no había ni rastro.