[Campañas abandonadas] Los Hijos de Silvania – relato del reclutamiento

También traigo hoy un relato de campañas antiguas, pero en este caso es campaña de un wargames, Mordheim.

En este caso jugamos 2 partidas de campaña y nunca más se quedó… creo que con Mordheim es el juego que más campañas he empezado y no jugado más de un par de partidas.


Svetlana observaba sentada en mitad del cementerio que coronaba una de las colinas de Mordheim, la enorme ciudad en ruinas que ahora era conocida en todo el Impeiro como La Ciudad de los Condenados.

Svetlana podía pasar por una bella mujer de la nobleza que estaba visitando a algún familiar en un cementerio pero nadie podría confundirla con una joven una vez le dedicaba una segunda mirada: Svetlana llevaba un vestido que otrora debía haber sido hermoso y elegante, su largo cabello negro caía flácido y sin vida sobre sus pálidos hombros desnudos pero era viendo los colmillos sobre los que pasaba su rosada lengua y sus ojos llenos de odio lo que demostraba que era una criatura sobrenatural, una criatura de la noche.

A ella siempre le había gustado la soledad, pero más aún desde que uno de los vampiros vasallos de Manfred Von Carstein le había convertido en esa horrible criatura… el conde Cugard Von Carstein maldito fuera su nombre.

Desde que conoció al conde cuando todavía vivía en la mansión de su familia había recelado de él pero su familia estaba en decadencia y había perdido la mayor parte de sus tierras cuando el conde Elector reasignó tierras a los nobles que más leales le eran y que un noble que era obviamente rico cortejara a su hija era una oportunidad que sus padres no podían dejar pasar.

Pero al final sus padres no aceptaron a Cugard tras investigar que no tenía tierras donde decía tenerlas y este se marchó lleno de ira y jurando venganza… ni 3 días tardó en cumplir sus amenazas.

Un pequeño destacamento de no muertos arrasó el castillo reforzado por los pocos habitantes del pueblo cercano que mantenía la desaconsejable costumbre de enterrar a sus muertos estando tan relativamente cerca de Silvania.

Svetlana fue hecha prisionera y en poco tiempo convertida en una vampiresa al servicio de Cugard y la familia Von Carstein, los terribles vampiros que supuestamente gobernaban Silvania pero que hasta el día del ataque ella había pensado que era una leyenda.

Cugard pronto se aburrió de Svetlana y la mala educación y odio que esta tenía hacia él por lo que al final la envió a conseguir piedra bruja y tesoros a la ciudad maldita, Mordheim… Hizo que la acompañasen dos despojos humanos que por sus deformidades siempre habían estado excluidos en sus hogares.

Esos desgraciados hombres se llamaban Hansel y Harold y siempre estaban cerca de ella para satisfacer sus necesidades y vigilar su ataúd mientras ella descansaba en las largas horas del día… Cosa que era menos necesario en Mordheim puesto que allí parecía ser siempre de noche.

A Svetlana los criados siempre le habían despertado simpatía y estos dos pobres engendros de la naturaleza le daban especialmente pena por lo que aunque les ordenaba todo lo que necesitaba, lo hacía siempre sin tratarles mal… cosa que hizo que los dos pronto fueran ciegamente leales a ella.

Al llegar a la ciudad se les había unido Sergey, un nigromante que hacía tratos con Cugard y que estaba acompañado por un saqueador de tumbas llamado Anton. El nigromante siempre se encontraba escoltado por unos cuantos zombies.

Sergey le juró lealtad a ella pero Svetlana sabía que todas las noches enviaba un mensaje al conde Cugard.

Cuando se trasladaron al cementerio que era ahora su base se encontraron con dos necrófagos, uno de ellos conservaba algo de una lejana humanidad y se hacía llamar Yuri, el otro era poco más que un animal sediento de carne al que Yuri le había enseñado a responder al nombre de Roedor.

***

De pronto un ruido le arrancó de sus pensamientos e hizo que en menos de un segundo tuviera la espada en su mano, el escudo y su armadura estaban dentro del mausoleo que había escogido para ella. Al ver como la vampiresa se ponía en guardia Harold tensó su arco corto y Hansen avanzó para proteger a su señora con su espada y su escudo preparados.

– Déjate ver – dijo Svetlana con poco más que un susurro.

– Tranquilos – dijo una voz – No vengo a haceros daño.

– No creo que pudieras hacerlo aunque quisieras – respondió Svetlana mientras se dirigía al origen de la voz segura de su superioridad.

Un hombre de mediana edad apareció en al verja del cementerio, su cabeza comenzaba a clarear y en la parte de la sien el pelo castaño ya se había empezado a volver blanco como la larga barba que se desparramaba sobre su túnica gastada. Sus ojos eran de color celeste y ya debajo de ellos habían empezado a formarse algunas arrugas. Su complexión era delgada y se apoyaba en un bastón para caminar aunque no parecía que lo necesitase.

La vampiresa se quedó paralizada al verlo pues lo había reconocido y él también a ella.

– ¿Eres tú de verdad, Sveta? – preguntó el desconocido.

Svetlana permaneció callada unos instantes y cuando el hombre parecía que iba a volver a hablar ella le interrumpió.

– ¿Como me has encontrado, Nikolay? No supe nada de ti desde que tu supuesto amigo Bernard llegó preguntando por ti.

– Te he encontrado porque anoche tuve un sueño profético de los que me asolan a veces – respondió él – Y si no supiste más de mi, querida, fue porque Bernard no era mi amigo, era un cazador de brujas que me venía buscando por ser un desertor de los colegios de la magia de Altdorf… otro de mis sueños me advirtió de su llegada.

Svetlana asintió.

– Veo que algunas cosas han cambiado – dijo él con una sonrisa sarcástica – Imagino que quien te hizo esto acabó con todas vuestras tierras, ¿no?

– Así es – dijo ella haciendo un gesto con la mano para que Hansen y Harold bajasen las armas y sin girarse hacia ellos simplemente ordenó – Chicos, id a vigilar que no se acerque Sergey y si lo hace dejadle pasar pero haciendo ruido para que no me interrumpa.

– Si, señora – respondieron al unísono yendo cada uno a una de las entradas que tenía el cementerio, la principal y la secreta que habían descubierto gracias a Anton.

– Estoy llena de ira contra ese maldito Conde Cugard – dijo ella cuando estaba a solas con Nikolay – ¿Has venido a quedarte conmigo o solo querías verme?

– Quiero quedarme a tu lado, pequeña – dijo Nikolay – Mi magia te será útil aquí en la ciudad maldita, y si alguna vez estamos en disposición de que te puedas cobrar tu venganza mi magia te vendrá bien para frenar la de los nigromantes.

– Gracias, fuiste un buen maestro en muchas materias para mi el tiempo que pasaste en nuestro castillo- dijo ella con sincera gratitud y un tono de picardía en la voz.

– Y tú una excelente alumna – respondió él acercándose y dándole un abrazo, tras unos instantes añadió – Estás fría, ¿sabes?

Svetlana se echó a reír por primera vez desde que le arrebataron su vida.

– Creo que tu llegada impedirá que termine de volverme loca – dijo la vampiresa agarrando la mano de Nikolay – Ven y deja que te enseñe mi casa.

Nikolay asintió y siguió a la vampiresa hacia su mausoleo.

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