[Campañas nunca empezadas] Prólogo campaña de Ánima

He estado haciendo limpieza de mi email y he encontrado algunos correos de partidas de rol nunca comenzadas y he decidido rescatar esos relatos y trasfondos asociados para que no se pierdan y queden por lo menos como backup en el blog (y en la nota que se genera automáticamente en onenote de cada entrada de blog que publico :P)
En este caso es el prólogo de lo que iba a ser una campaña dirigida por mi del juego de rol de Ánima… cuando mi paciencia daba para sistemas con tantísimas reglas, jaja. 

Doracue era una pequeña ciudad de unos dos mil habitantes situada en el sur del Reino de Abel. Sus casas eran rústicas hechas de madera y algunas piedras. La economía principal de la ciudad era la ganadería, aquí se producían los mejores cerdos del país, y las aceitunas y la producción de aceite, pues las aceitunas más sabrosas crecían aquí.

La noche era extrañamente fría para ser pleno verano en la zona, incluso había algunas nubes en el cielo que parecían amenazar con soltar su carga sobre Doracue y cubrían la luna llena. Ningún vecino caminaba aquella noche por las calles de la ciudad pues esa noche nunca se salía de las casas, todos sabían las consecuencias. Por eso el forastero se encontraba solo en la plaza central del pueblo, esperando con impaciencia pues no dejaba de mirar hacia las tres entradas de la plaza.

Era un hombre de alrededor del metro setenta, su ropa era sencilla sin adornos y de color negro llevaba como complementos un pasamontañas, guantes y botas todo de color blanco, lo que hacía que resaltara en mitad de la noche a pesar de la escasa luz, su cuerpo era puro músculo fibroso. Iba bien armado pues a su espalda llevaba cruzada formando una X dos espadas de poco más de 60 centímetros con empuñaduras negras envainadas en fundas del mismo color, amarradas a cada muslo llevaba dos dagas en sendas vainas y de su cinturón colgaban al lado derecho una ballesta de mano exótica pues llevaba un cargador de 5 virotes y al lado izquierdo un cargador de repuesto. No se observaba que llevase ninguna armadura.

Llevaba más de una hora esperando en la plaza, era casi medianoche, el cielo se cubrió completamente de nubes y empezó a caer una lluvia ligera. Las campanas de la cercana iglesia empezaron a sonar y podían escucharse cantos a Dios que surgían de todas las casas, el forastero no entendía el latín antiguo que se usaba en las ceremonias pero sabía que eran plegarias de protección para ahuyentar a los demonios.

Pasó otra hora más y el forastero estaba ya empapado. Los cantos no cesaron pero parece que consiguieron el efecto opuesto puesto que por la entrada de la plaza frente a la iglesia aparecieron tres criaturas de aspecto no muy humano… dos de ellas eran prácticamente iguales, tenían una forma de caminar similar a la de los simios pequeños pero no eran tan graciosos como ellos. Medían alrededor de 75 centímetros encorvados, el forastero calculaba que por lo menos 20 centímetros más si se enderezaran. Sus largos brazos muy musculosos terminaban en unas manos de 3 garras de alrededor de 15 centímetros, su rostro era como el de un simio al que le hubieran arrancado la piel, iban completamente desnudos.

La otra criatura tenía un aspecto más humano aunque sus orejas eran puntiagudas, sus ojos brillaban con luz roja y sus manos terminaban también en garras aunque mucho más pequeñas que las de sus acompañantes. Medía alrededor del metro sesenta; llevaba su negro pelo, largo hasta el final de la espalda. Vestía un traje de noche con una larga gabardina. Se aproximaron hacia el centro de la plaza, el humanoide con cara entre curiosa, incrédula y de burla. Cuando ya estaban a poco más de 3 metros puso sus manos en las cabezas de las criaturas que se pararon inmediatamente y sonrió dejando ver unos colmillos muy desarrollados.
– No eres de por aquí, ¿verdad? – preguntó en un impecable idioma común. Su voz estaba llena de algo parecido al humor.

– ¿Dónde está Draena? – esa pregunta fue la respuesta del forastero con un marcado acento que dejaba claro que no era de allí.

El ser se puso inmediatamente tenso y todo rastro de diversión desapareció de su rostro.

– Eres Vincent – afirmó.

– Así es criatura – respondió él – Dime donde esta Draena.

– Esa información no puedo dártela, solo mi príncipe sabe donde está su Heraldo – dijo el ser volviendo a sonreír pero con un aire de preocupación en sus ojos – Hoy, yo, Seniu acabaré contigo… y cuando entregue tu cabeza a Draena me ganaré su favor y me acercaré un poco más a mi príncipe.

Seniu quitó las manos de las cabezas de las criaturas que salieron corriendo hacia Vincent. El humano se llevó ambas manos a la espalda y desenvainó las espadas adquiriendo una posición de combate con brazos y espadas por encima de sus hombros y el pie izquierdo ligeramente adelantado al derecho. Cuando las criaturas ya estaban prácticamente encima de él se movió con una velocidad que parecía imposible para un ser humano y de un tajo con cada espada mató a ambas criaturas.

– ¡Imposible! – exclamó Seniu dando inconscientemente un paso atrás y meneando negativamente la cabeza – Mis mascotas han matado a inquisidores y templarios de Tol Rauko sin sufrir un rasguño, ¿Cómo es posible?

– Yo estoy por encima de cualquier cosa a la que te hayas enfrentado antes Seniu – dijo Vincent avanzando lentamente hacia él con ambas espadas hacia abajo – Me llamaban el Cazador en mi tierra natal por mi gusto en cazar criaturas sobrenaturales como tú.

Los cantos de la gente del pueblo seguían oyéndose de fondo pero fueron apagados por el rugido que Seniu lanzó antes de ir contra Vincent, el brazo derecho de Seniu se convirtió en una enorme espada de llamas negras que superaba ampliamente la longitud de las espadas gemelas de Vincent.

La criatura lanzaba ataques continuos y de una velocidad cegadora contra el humano que no podía hacer otra cosa más que esquivar las continuas embestidas. Vincent retrocedía hacia la fuente del centro de la plaza y pronto estaría acorralado.

Para sorpresa del demonio, Vincent se dio la vuelta y corrió a una velocidad inhumana hacia la fuente, entrando dentro y corriendo hacia el otro lado.

Seniu comenzó a rodear la fuente desconfiado de la estrategia de Vincent que por su parte envainó la espada de la mano izquierda y cogió la ballesta disparando varios dardos contra Seniu que dejó que se le clavaran en su pecho desprotegido. Al cabo de tres segundos Vincent sonrió y los virotes estallaron haciendo hincar la rodilla a Seniu cuyo pecho sangraba por los enormes agujeros… pero la alegría le duró poco porque Seniu se puso en pie en poco tiempo riéndose a carcajadas con las heridas de su pecho empezando a cicatrizar.

– No entiendo como has podido cazar a otros demonios con estas armas – dijo Seniu entre risas mientras arrancaba las tiras rotas de su ropa – Me parece que mejor voy a llevarte vivo ante Draena.

Corrió hacia Vincent cuya sonrisa nunca desapareció de su cara. El demonio pudo apreciar al estar casi al lado de Vincent que una fina aura de color celeste muy claro casi transparente le rodeaba, entonces comprendió su error, Vincent solo estaba ganando tiempo.

Seniu intentó frenarse pero era tarde, Vincent se lanzó hacia él y pronunció unas palabras en un idioma que el demonio no conocía. El aura azul se volvió de un rojo intenso transparente tras el que podía verse a Vincent que desvió el arma del demonio empleando su antebrazo izquierdo con el que aún sujetaba la descargada ballesta. La espada de Vincent, que también estaba rodeada por el aura, cortó la piel del pecho del demonio como si fuera papel dejando un fino hilo de sangre que en esta ocasión no cicatrizó.
Ahora el combate estaba a favor de Vincent que continuamente hacía cortes al demonio que apenas era capaz de seguir los rápidos movimientos del humano que ya ni se preocupaba en esquivar, recibía los golpes del demonio sin inmutarse. Tras unos segundos así tiró la ballesta y desenvainó su segunda espada, en ese momento comprendió Seniu que estaba acabado. Un solo ataque más de Vincent le bastó para cortar el brazo al demonio y dejarle desarmado, el segundo ataque le amputó el otro brazo y le hizo caer de rodillas.

– ¿Dónde está Draena? – preguntó Vincent poniendo una espada en el cuello de Seniu y la otra con la punta preparada para estocar. El demonio le observó en silencio destrozado por un dolor tan enorme que nunca había sentido. La presión de la espada del cuello aumentó – No lo volveré a preguntar… siempre hay otros dispuestos a colaborar en vez de morir.
– Espera – suplicó Seniu cuando la espada de Vincent se levantó para dar el tajo que le cortara la cabeza – Si te digo donde está, ¿te crees capaz verdaderamente de acabar con ella?
– Yo nunca he querido matar a Draena – respondió Vincent que seguía preparado para atacar.
– Entonces, ¿por qué la buscas?
– Eso no te importa – respondió Vincent que hastiado bajó la espada cortando la cabeza del demonio que cayó muerto.
Vincent se quitó el pasamontañas y dejó ver su rostros de un hombre de alrededor de los 25 años, de un rostro con cierto atractivo, pelo moreno corto y ojos grises llenos de lágrimas. De nuevo había perdido la pista de Draena.
El aura roja desapareció de su cuerpo y Vincent se sintió débil y hambriento. Seniu le había exigido desplegar demasiado poder y eso no era bueno, Draena cada vez tenía siervos más poderosos. Iba a ser hora de empezar a cobrar favores para poder seguir con su cruzada, sería necesario un viaje a la Vigilia y para ello había un precio que pagar…

***


A la mañana siguiente…

Los grupos de mercaderes ralentizaron su marcha sin decirse nada entre ellos al acercarse a Doracue, su destino, el lugar donde iban a adquirir aceite y ganado y vender sus productos. El pueblo estaba extrañamente silencioso cuando a esa hora de la mañana ya debería haber comenzado el ajetreo propio del mercado, cuando llegaron a las primeras calles vieron que muchas puertas estaban destrozadas. Los mercenarios y empleados de las caravanas prepararon sus armas.
Cuando llegaron hasta la plaza el horror fue enorme, toda la plaza estaba llena de cadáveres de guardias y hombres adultos, pero lo más terrible estaba en la fuente donde debían yacer muertos todos los niños del pueblo que no tenían ningún tipo de herida visible. Las mujeres y hombres que no habían luchado estaban sollozando medio locos atrapados en el interior de la iglesia.
En menos de dos horas el ejército imperial acompañados de un miembro de la Inquisición estaba en el pueblo investigando lo ocurrido. Nunca se dio ninguna explicación de lo ocurrido y el pueblo fue incinerado por el fuego purificador de Dios junto con todos los testigos de lo ocurrido.
Del cadáver del demonio, sus dos esbirros y el forastero no había ni rastro. 

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