Oan, personaje para Hitos

Hoy traigo una entrada de rol, por fin, de nuevo al blog aunque no soy el creador del personaje (yo solo di la idea del personaje y su cita, el resto es obra del máster de la partida 🙂

Como me ha gustado su trasfondo y su ficha lo he querido dejar aquí. La ambientación de la partida es “tipo Conan” pero el personaje es fácilmente usable  en cualquier tipo de ambientación medieval. Eso si, nivel protagonistas de creación de personajes de Hitos por lo que la ficha no serviría en todas las partidas.

Dejo el trasfondo tal cual me lo pasó él a mi porque así se lo podéis pasar tal cual a vuestros propios jugadores.

Naciste en un prostíbulo de la ciudad estado de Nehel. Era un prostíbulo sucio y malhadado, pero para ti fue tu hogar. No sabías quien era tu madre, aunque todas las mujeres mayores lo acabaron siendo un poco. Tu infancia transcurrió feliz entre aquellas mujeres, sus infames clientes (de los que, en ocasiones, aprendiste mucho) y de todo lo que ocurría a tu alrededor.

Enol, el guardián del prostíbulo, te enseñó un poco el oficio de guardián. Tu le hacías poco caso, excepto cuando sacaba la espada o las tabas (juego de azar). Aprendiste a robarle dinero, vino y todo lo que te pareció interesante. A veces simplemente se lo escondías por verlo rabiar.

Cuando cumpliste los 12 años él supuso que ya estabas preparado para sustituirle. Te dejó al cargo de la protección del burdel y salió a buscar fortuna. A los pocos meses oirías el rumor de que había sido asaeteado en un asalto cerca del valle de Zu’kaham. No te importó demasiado.

A los 13 años, acostumbrado a numerosas reyertas que tenías que solventar con violencia, mataste a tu primer hombre. Se trató de sobrepasar con una de tus madres, y sin piedad le atravesaste lentamente el torso con tu espada afilada. Tus madres te agradecieron enormemente el fervor con que las protegías dejándote sólo en una habitación con 4 de las nuevas chicas que se habían unido al burdel. Sin embargo habías asesinado. Tras aquel momento glorioso supiste que lo mejor para tus madres era huir. Cogiste tu espada, una buena botella de vino y tus ahorros, y saliste por la puerta trasera en lo más oscuro de la noche. Al día siguiente, según te llegaron rumores, los guardias habían comenzado a buscar al asesinado, un noble menor que tenía por costumbre visitar los burdeles de la ciudad. Todo apuntaba a que había visitado el tuyo, y buscaron concienzudamente. Tus madres hicieron bien su trabajo, escondieron el cuerpo. Pero tu no sabías nada, y ya habías emprendido la huida.

Acabaste en varias ciudades estado, a veces trabajando como mercenario, otras veces trabajándote la fortuna en timbas y casas de juegos. Tu rapidez de pensamiento te permitía engañar a tus contrincantes con facilidad. Hasta que diste con uno igual de sagaz, pero mucho más rico que tú. Jugaste con él hasta altas horas de la noche, ganándole una y otra vez. Hasta que te descubrió en uno de tus embustes y tuviste que ingeniártelas para reducirlo, confundir a sus guardias y huir. Jamás sabrás cómo pudiste salir de aquella situación con éxito.

En tu huida sólo llevabas parte del botín que pudiste guardar en tu zurrón, y una espada que robaste a un guardia. Sabías que no podrías volver allí, y te dirigiste al único sitio donde alguien como tú podría sobrevivir: Erkaj, la hedionda caja de ratones.

Llevabas varios meses allí. Te habías hecho un lugar, eras uno más. Hasta que volviste a poner la fortuna en tu contra: te acostaste con la hija de un administrador muy influyente, que la había prometido a uno de los más ricos capitanes de la ciudadela. Después de aquello el matrimonio se rompió, y tú fuiste apresado. Se te cargaron varios varios delitos que no habías cometido y se te trasladó, como se hacía con los presos que se quería perder de vista, a la prisión de Per. Hasta el día que te sentenciaron a muerte, y te agruparon con tres presos más, dispuestos a ser llevados a vuestro final…

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